dfg dfg dfg

Una batalla joven contra los demonios

Hace unos cuantos años vengo escuchando hablar de lo mismo: desde los rincones más ocultos; agazapado detrás de un cuadro, una canción, una película, una ropa; enmascarado con colores brillantes y mucha fanfarria propagandística, nos asalta a mano armada el mal gusto.

Aparentemente no tiene rostro. Empieza desde que abrimos los ojos al mundo y no se termina cuando los cerramos definitivamente. Está ahí, y parece como si nada pudiéramos hacer para arrancarlo. Es al arte como el marabú a la tierra cultivable: lo contamina, lo aplasta, lo sepulta. Tal como sucede con el marabú, donde cae la cosecha se hace difícil, porque hay que empezar a cortar raíces, ramas troncos, mientras él –el mal gusto–, igual que el monstruo mitológico regenera tres cabezas donde conseguimos cortarle una.

Con él sucede una cosa terrible; y es que estamos tan acostumbrados a su presencia, que ya no la notamos; y si la notamos, nos hacemos los de la vista gorda por aquello de que “para gustos se han hecho colores”.

El mal gusto triunfa allí donde la flojera y la abulia, las pocas ganas de tomarse el trabajo de pensar y la ambición sin afeites le preparan tierra bien abonada. Imaginemos al mal gusto como si se tratara de un salteador de caminos: allí está, agazapado acecha, y su víctima es el arte, el artista comprometido con su trabajo. Y su instrumento perpetrador es el imitador de ese arte y ese artista, personaje a veces inocente, a veces –en el peor de los casos– consciente de su imitación.

Pero cabe preguntarse: ¿el mal gusto siempre ha estado ahí? ¿De dónde sale, qué le da vida, lo engorda y lo convierte en algo capaz de parecernos inderrivable?

La historia es larga, y arranca desde los ya lejanos tiempos de la Revolución Industrial en Inglaterra, cuando miles de artesanos y campesinos fueron desarraigados y convertidos en trabajadores de las nacientes manufacturas hilanderas. A aquellos hombres y mujeres no solo se les privó de su sustento acostumbrado: también se les alejó de su cultura. Y quienes los explotaban acumulaban dos cosas: capital y ansias de parecerse un poquito a aquellos aristócratas que desde siempre habían disfrutado de buenos cuadros, construcciones bellas, música delicada, buenos libros y educación.

Pero aquellos burgueses de la acumulación originaria en su gran mayoría carecían de sustratos a propósito para conseguir la asimilación de una cultura y un gusto que hasta ese instante les había estado vedados. Y se dieron a hacer lo único que podían: imitar.

Todos conocemos al mal gusto. Lamentablemente. Una gran cantidad de personas, además de conocerlo, lo poseen, lo buscan y lo disfrutan; y lo peor: son capaces de pagar enormes sumas con tal de que en sus vidas “brillen” sus chispazos.

¿Dónde se encuentra? En las telenovelas de O Globo, Televisa y Caracol; en los ramilletes de flores de tela; en los muñequitos de caolín o de yeso fabricados en serie; en las reproducciones en miniatura de la torre Eiffel o la estatua de la Libertad; en la mayoría de las golas… digo, las galas y los espectáculos grandilocuentes; en el cine producido en serie, la música bobalicona o soez –léase aquí la peor de todas, el reguetón–. Está en la Belleza Latina y en los pequeños declamadores escolares; medra en el patetismo y la propaganda comercial… Está, en fin, en todas partes. Donde quiera que posamos los ojos. Y concuerdo con el esteta búlgaro Iván Slavov cuando dice en su obra El kitsch: “… es arrogante y simpático; es cándido y astuto, visible y mimético, querido y despreciado…”

habrá quien objete que no es para tanto, que de vez en cuando “hace falta desconectar”; que el arte y el buen gusto son elitarios y siempre han sabido convivir con el mal gusto y el kitsch. Pero discrepo, al mirar cómo marchan las cosas, con quienes así piensan.

Mal gusto y kitsch no son lo mismo, aunque están emparentados consanguíneamente. Se parecen tanto que uno es otro con ligeros matices. Nacen del mismo útero, el de la sociedad burguesa y se alimentan del desconocimiento, la indiferencia, la educación incompleta y el consumo acrítico de cuanto se nos propone como bonito y deleitoso.

Es necesario, en aras de la preservación de los verdaderos valores culturales, luchar contra ambos. Mal gusto y kitsch no son fenómenos que puedan ser exterminables desde la redacción e imposición de decretos y resoluciones, o imponiendo programas de asignaturas. No se les podrá doblegar con campañitas televisivas de tres meses.

Sería magnífico si en nuestras escuelas se impartiera una enseñanza artística que no se quedara en las cortezas, en la cascarita de afuera o en la mera mención de obras de arte, musicales o literarias en retahíla, y baja a lo hondo del arte y la cultura genuinos. Pero poco lograríamos con ello si después, en el receso o la ahora de almuerzo, la radio base escolar se dedica a transmitir mala música; si los pequeños de primaria bailan reguetón en las fiestas pioneriles; si al llegar a casa se encuentran a mamá clavada frente al novelón lacrimógeno de turno, la Belleza Latina o cualquiera de esos programas cazatalentos; si no se comparte un buen libro o se disfruta de un hecho artístico de verdadera calidad.

Necesitamos percatarnos con urgencia de que mal gusto y kitsch ofrecen un producto falso: “ …falso democratismo, una falsa espontaneidad, un falso carácter popular, falsos sentimientos y un arte falso”, como bien alerta Iván Slavov. Ambos no son otra cosa sino el resultado –repito– del desarrollo de la cultura burguesa.

En nuestra sociedad están las semillas para proponer la alternativa. Es una batalla dura, de muchos años, tal vez de la vida entera. Habrá quien se desanime y renuncie. Pero a los artistas de vanguardia les toca llevar hacia adelante esa pelea contra los demonios.



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


2 thoughts on “Una batalla joven contra los demonios

  1. Domingo A Tattá P.

    Felicítola! Una gran entrega de interpretación compartida, que agradecemos quienes estamos incursionando en estos retos. Desde #Venezuela han sido de gran ayuda sus producciones. Que sigan las victorias ante los desafíos.

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


− cinco = 3