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Un sueño por realizar... un día de estos. (I)

Foto: Keiter Castillo

 

Pasa el tiempo y todo lo que toca lo transforma, unas veces en polvo y otras en maravilla. Y a nosotros nos encanta soñar las maravillas brotadas desde las ruinas. Porque todo cuanto implique crecimiento debe ser intentado.

Hace ya un buen poco, durante aquellos llamados Siglos de Oro de la literatura española, el dramaturgo Pedro Calderón de la Barca escribió su drama en verso “La vida es sueño”. Recuerdo una frase del protagonista de esta tragedia; cualdo la leí me causó una viva inquietud. «… que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son». El final de esta frase lo había escuchado muchas veces, cada vez que alguien pretendía nombrar un imposible.

Era yo muy joven entonces, y era, además, impresionable. Pensar en la vida como un sueño donde las grandes esperanzas quedaban reducidas a puro humo me pareció algo espantoso. No me gustaba −continúa sin gustarme  todavía− ese cruzarse de brazos, ese bajar la cabeza y moverla de un lado a otro en ademán de negatividades cuando en el camino aparecían escollos y desaliento.

En los tiempos del gran Calderón, tener una imaginación capaz de hacer fructificar proyectos para todos era algo equiparable a una quimera. Pero ya no era así. Los sueños, para mi entonces pensamiento adolescente, se volvían metas tras las cuales era imperioso correr, porque siempre, indefectiblemente, cualquier ensoñación −hasta la más loca− se vería convertida en certeza.

Esta inveterada costumbre de soñar con imposibles realizables se ha mantenido a lo largo de mi existencia. Por eso una tarde…

Empieza el sueño. Año 2003

La Casa del Joven Creador de la ciudad de Camagüey se está haciendo sentir en el ámbito cultural de la urbe y del país. Han comenzado a quedar atrás los durísimos años del Período Especial, pasados en una constante brega por no dejar caer el arte joven de vanguardia, a pesar de los apagones y las carencias materiales. En estas aviesas circunstancias han surgido proyectos que auguran una permanencia larga y fructífera. La Asociación Hermanos Saíz ya tiene su sede, conquistada a fuerza de convencimiento y ejemplo. Hace diez años, desde 1993, ocupamos este edificio; o mejor dicho, este pedazo de edificio, esta planta alta que ha habido que reconvertir en recinto para la creación.

Dicho así, no resulta tan escabroso. Pero debajo, a nuestros pies, camapean la chavacanería, la banalidad, la ramplonería, el mal gusto exacerbado, la violencia y el consumismo. Debajo tenemos la Bolera Casino: una instalación bellísima, pensada para dar a la ciudad un espacio recreativo diferente del resto, pero por obra y gracia de los costos de entrada −”cober” le dicen ahora, en afán de anglosajonizarlo todo− está siempre repleta de chicas de alquiler y nuevos ricos vociferantes y mal educados, que llegan con sus autos y sus motos, y en más de una oportunidad han puesto en riesgo la integridad física de algún artista.

Más de una manifestación antisocial y hasta delictiva tiene cabida en la Bolera Casino. Arriba y rechinando los dientes la AHS, sin embargo, insiste en ser referencia de buen gusto y arte superior; en luchar contra molinos de viento que le sacuden la existencia y no la dejan hacer como debiera; en mantener su espacio porque mejor que este no hay otro en toda la ciudad y la muchachada joven empieza a colmar la terraza trasera, en busca de eso que la Bolera no le brinda: recreación sana, barata, diferente y culta.

Un buen día, la Bolera Casino amanece cerrada para siempre. ¿Botaron el sofá? Imposible decirlo. Tanto escándalo y conducta desviada han llevado a las autoridades a clausurar el sitio de un plumazo. Los nuevos ricos y las chicas de alquiler se han marchado a otros ámbitos con su gritería, su reguetón, sus mala educación, su alcohol, su algo más nocivo que el alcohol y su pésima conducta. Los recintos del antiguo “centro recreativo” se transforman en aulas para la Escuela Superior de Preparación de Atletas (ESPA). Y todo empieza a deteriorarse a ojos vista, a velocidad supersónica.

El edificio casi abandonado es un elefante blanco. Abarca media manzana enorme; sus fachadas se abren a tres calles concurridas. Construido en la década del 40 del pasado siglo para servir de sede a una concesionaria de autos norteamericanos de lujo, había sido, desde su inauguración hasta finales de la década de los 80, lavadero y engrasadora de automóviles, taller de mecánica, exhibidora y comercializadora de medios de transporte, pista de expendio de gasolina y recinto de oficinas de la empresa DIVEP.

El Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER) entra en posesión de la enorme planta baja. Instala allí un gimnasio de aeróbicos, otro de aparatos mecánicos, oficinas de su distrito, y algunas cosas más. En la parte delantera, las aulas de la ESPA.

Arriba, en la planta alta, la AHS se asfixia por falta de espacio. Desde afuera, la parte edificio que posee parece grandísima, pero no lo es. ¿Dónde ensayar con decoro y un mínimo de privacidad?, se preguntan músicos, actores y bailarines. ¿Dónde consultamos con tranquilidad un documento de referencia, o escribimos, o preparamos un conversatorio?, inquieren los jóvenes escritores. ¿Cómo nos las arreglamos para hacer un cuadro, una escultura, un grabado?, se preocupan los artistas de la plástica, acicateados por los tres paños de pared que remedan una galería improvisada y sin luces a propósito para destacar lo allí expuesto con tantas ganas y tan buenas intenciones…

¿Instalar una sala de navegación? Imposible; no hay dónde, pero tal vez un día se pueda. ¿Disfrutar de un audiovisual? Ni se te ocurra; no hay espacio. ¿Hacer un té, un café para los asistentes, brindar una merienda a los artistas? Estás loco, ¿con qué cocina?

A duras penas el creciente público de la Casa del Joven Creador apenas cabe en la estrecha terraza posterior, peligrosa y sin barandas, que cimbra inquietantemente cuando hay más de 60 personas reunidas. Y da tristeza tener que cerrar las puertas, decir a los ansiosos que ya no cabe un alma y deben volver otro día. Hay actividades, como el Café con Limón o la Peña de los Cuatro Gatos, que son capaces de reunir más de 200 personas; y conciertos donde se cuentan fácilmente 300 asistentes hambrientos de la alternativa que los centros nocturnos no les brindan.

El público se compone de jóvenes profesionales, estudiantes universitarios, artistas, rockeros que han encontrado aquí el sitio donde no se les mira raro por causa de su ropa negra, sus pelos larguísimos y sus tatuajes; muchachos y muchachas con inquietudes de cultura; muchos buscan la trova, desaparecida de otros centros por obra y gracia de la necesidad de la ganancia económica y el “lleno” que garantizan ron y mala música.

Y la parte de allá abajo se destruye a ojos vista. Nadie la cuida. Los estudiantes, en su arrastrar de sillas, han roto el carísimo embaldosado de la Bolera Casino; y la elegante barra va perdiendo el revestimiento de madera mientras sirve de soporte a un pizarrón. Eso es lo que podemos ver desde afuera y a través de los cristales en nuestro constante sube y baja; porque nadie sabe a ciencia cierta cuánto más está arruinándose sin uso cuando pudiera servirnos a nosotros, los de la AHS, para humanizar el trabajo de creación y regalarle a Camagüey un complejo cultural polivalente y al alcance de todos, no solo de la membresía.

Y para colmo de colmos, una tienda Caracol se adueña del espacio esquinero y nos muestra la insolencia de zapatos, mochilas, tarequitos y chancletas carísimos, solo al alcance de los nuevos ricos.

Y a soñar nos damos. Dicen los más viejos que soñar no cuesta nada. Por los rincones, en grupitos de locos idealistas, empezamos a mirar hacia la planta baja con las pupilas llenas de promesas. Porque un día… Ya verán los escépticos: un día de estos todo va a amanecer diferente.

 

 

 

 

 



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


2 thoughts on “Un sueño por realizar... un día de estos. (I)

  1. Luis Ramirez velazco.

    No quiero adelantar tu 2do articulo, y solo dejare bien claro, que ya verán lo que paso con esa parte de abajo de la que tanto se hablo, ya verán. Es bueno leer esta pequeña historia, pues es nuestro centro, nuestra casa y parte de la historia de nuestra ciudad, además me hizo recordar varias cosas de cuando yo era un chiquillo y caminaba por frente a los cristales y veía los zapatos que vendían el la esquina jajajaja hoy convertido en…

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  2. Anabel

    Pienso que los sueños se pueden hacer realidad, el que persevera triunfa, y en nuestro centro se han logrado muchas cosas que hace unos años atras para muchas personas eran sueños. Hoy contamos con una sede de la AHS como nunca se penso tener pero que aun asi se soño y se cumplio. Es una lastima que la parte mas baja de este maravilloso lugar se encuentre en las pesimas condiciones en las que esta, pero soy una de las que sueña que esa parte del edificio algun dia sera otro pedacito hermoso para el disfrute sano de los artistas y el pueblo camagueyano y estoy segura que ese sueño no sera un cuento de hadas sino una realidad absoluta.

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