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Tras las huellas de imágenes inteligentes

por Yahily Hernández Porto y Yaneisis León González

Fotos: Tomada de Adelante Digital y cortesía del proyecto Circuito

Camagüey.- Luego de un intenso y atractivo ciclo de imágenes creadoras de osados productores de 24 países en la agramontina Vitrina  del Videoarte Mundial, cita artística que destaca por ser un espacio alternativo y de resistencia al posibilitar que desde las carencias tecnológicas surjan imágenes de mucha calidad profesional, JR se aproxima a ese novedoso proyecto cultural, único de su tipo en Cuba, al emanar de la Iniciativa Municipal de Desarrollo Local (IMDL), El Circuito.

Y es ese precisamente el mayor mérito del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC) −desarrollado del 4 al 9 de abril pasado−, pues quienes se aventuran en este mundo de novedades visuales encuentran la complicidad de un discurso diverso y de un programa heterogéneo, siempre abierto a la impronta de exclusividades culturales genuinas, como los grupos musicales Rumbatá, Son entero, In tempore y Quinteto de Cuerdas Santa Cecilia, los cuales regaló una jornada de mucho movimiento y cubanía.

LAS CLAVES DE UN PROYECTO

Mas el evento, en su VII edición, deslumbra además por ser un espacio que, al surgir en el 2008, se consagró por entero a la videocreación; una práctica artística que emergió en los años 60 del siglo XX como resistencia a la avalancha de una seudocultura colonizadora, a la banalización de los mass media, y el cual, además, mantiene su esencia con la incorporación de las herramientas digitales.

Con frecuencia bienal desde el 2010, el FIVAC se consolida como plataforma de promoción internacional del videoarte hecho por cubanos y también por aglutinar artistas, curadores e investigadores de varias naciones del mundo. El mega-proyecto asentado en el antiguo cine Encanto, solo esta vez proyectó unas 11 horas de materiales en concurso, de las 79 obras admitidas.

Los soñadores del certamen, Jorge Luis Santana, reconocido artista que preside el Festival; la Doctora en Ciencias sobre Arte Teresa Bustillo, curadora del FIVAC y Diana Rosa Pérez, su productora general, emprendieron un camino que aunque empedrado, les aseguró un éxito rotundo; porque El Circuito sede de este Festival, por su muy acertada promoción a lo mejor del videoarte de la nación, la región y buena parte del mundo,  ha atraído en menos de un año a más de  80 000 espectadores.

«El proyecto del FIVAC −dijo Santana− nació con una generación. Primero estuvimos en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y luego en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), pero siempre quisimos establecer nuestras pautas, formas de pensar y los conocimientos que habíamos adquirido. Necesitábamos hacer una plataforma, ni mejor ni peor a las que nos precedían, sino la nuestra», explicó el líder del FIVAC.

«Así y bajo ese empeño colectivo −acotó− nació una idea que tomó forma en los que es hoy el Festival. El videoarte −insistió el especialista− tiene un mercado muy restringido, sobre todo porque en la Isla no hay galerías especializadas ni un mercado interno de arte.

«Evidentemente −enfatizó− ante urgencias económicas, los artistas se refugian en un arte que se puede vender. Por eso también es válido el Festival», subrayó.

Para Teresa Bustillo, Doctora en Ciencias sobre Arte,  la responsabilidad de curador del FIVAC ha sido uno de sus mayores desafíos. «En la misma medida que el arte ha ido evolucionando su definición en términos epistémicos −argumentó−, también lo ha hecho la definición de videoarte. Un rasgo tipificador de la videocreación es su carácter experimental constante. La norma −aseguró la experta− es ir a contrapelo de lo que se va asentando y gestando en el discurso de la videocreación.

«En mis más de 20 años de trabajo −expresó la académica−, es la experiencia profesional la que constituye el reto mayor, porque curar las obras del FIVAC demanda constantemente una actualización, que depende fundamentalmente del acercamiento y del trato sistemático con la morfología de la videocreación, que no siempre es posible en Cuba, y sobre todo porque demanda −confirmó− una sensibilización muy especial de las distintas visualidades que operan en el mundo», afirmó.

El certamen está catalogado por expertos en esta disciplina como la Vitrina del videoarte mundial. ¿Por qué?

«Porque se consolida en calidad al elevar el rigor en los proceso de selección de las obras en concurso. Se aprecia en los trabajos presentados una mayor relación del artista con la cámara, un uso creciente de la tecnología para el abordaje de problemas urgentes relacionados con la deshumanización, la alienación del hombre y las marginaciones, a la vez que importa mucho la videocreación en sí misma, en correspondencia con el mensaje y contenido de la obra −aseguró la estudiosa.

«Esta vez la muestra en competencia se destacó, especialmente, por dos tendencias expresivas: una que tiene un efecto más nítido en la trasmisión de los mensajes, y otra que recurre al simbolismo, la metáfora y lo oculto o enigmático. Es un certamen de amplia diversidad y pluralidad de temas, géneros y contenidos, y eso lo hace muy llamativo para todo los creadores, sin limite de edad y sin exclusión.

«Es un evento −significó− para aprender en él. Los países con mayor presencia, después de Cuba, fueron España, Estados Unidos e Italia, y por primera vez acudieron República Togolesa, Bosnia, India, Irán, Polonia y Australia, y se sumaron Venezuela, México, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón, Irán y Sudáfrica. Cada edición agrupa a más creadores y eso también lo hace diverso, para crecer sin renunciar a la la calidad Artística. Existe como dinámica en el FIVAC una diversidad de las obras en concurso, que se apropian a la vez de los soportes, por eso resalta en cada encuentro la voluntad permanente de experimentación, para el señalamiento de problemas urgentes de deshumanización, alienación y marginación» −aseveró.

El FIVAC se debe también al talento y a la sagacidad de la productora general Diana Rosa Pérez, quien además tiene en su haber la realización de obras audiovisuales, fundamentalmente del género documental, por eso ofreció las claves de este aglutinador Festival.

«Una es la modestia y la otra la perseverancia −expresó− para nunca dejar de creer en los sueños; para no dejar de hacerlos. Hay que encontrar la forma viable de hacer el proyecto, y la pasividad nunca puede ser una opción en un productor −acotó.

«Lo que más disfruto de la IMDL El Circuito es demostrar que es posible autosustentar, mediante servicios culturales, otros servicios de libre acceso menos comerciales, y que igual son buenos para el mejoramiento espiritual de la personas» −reflexionó.

A DEBATE DESDE UN HERVIDERO CULTURAL

El Circuito es un hervidero fecundo de la creación contemporánea, con múltiples propósitos e interrogantes para el debate cultural que se impone ante un escenario de mucha «chatarra» comercial y seudo-culturas colonizadoras de identidades.

Con esa preocupación por preservar la memoria histórica de las imágenes ha sido persistente el español Javier González Vilaltella, profesor de estudios culturales en la Universidad de Munich, Alemania, quien consideró que «las imágenes no desaparecen, sino crean fondos de memorias, y el recuerdo de la ausencia constituye una estrategia para que no se produzca el olvido».

Sobre este tema, el canadiense Khazim Kaz Rhaman, profesor del Instituto de Arte de Pittsburg, en Estados Unidos, señaló que es vital la preservación de la imagen, porque en la historia del videoarte se ha transitado por 50 formatos, lo que puede constituir una vía para el desfasaje de esa memoria acumulada.

Una reflexión medular la bordó la renombrada especialista en arte cubano contemporáneo cubana Magali Espinosa,  en torno a dos aspectos esenciales: «Los artistas necesitan de toda la imagen visual que hay que tener en cuenta hoy, y no solo de lo que emana del arte sino de los medios, de la publicidad, del cine, de la televisión; y cómo a pesar de que esta información a veces no se consigue con la mayor calidad, lo fundamental es que circule y se conozca, para luego crear» −insistió.

El mexicano Pancho López, artista de performance, encuentra en el Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC) lecciones esenciales para el arte y para la vida, y este año acudió para propiciar una experiencia de aprendizaje e inclusión, a su manera.

Él impartió el taller de creación, Repensar el cuerpo. Videoperformance y acciones para la cámara, donde aglutinó a decenas de participantes en un evento que además se sabe único, porque se consolida como plataforma para el arte experimental en América Latina y múltiples naciones como Estados Unidos, España, Chile, Argentina, Nicaragua, Canadá y Cuba.

«Cada vez es más difícil encontrar posibilidades de contacto. Ahora todo es virtual y la gente platica y hasta se conoce por WhatsApp, por Skype, por Facebook Messenger, por FaceTime. O sea, por aplicaciones y redes sociales. Este cambio va por la imagen, porque en estos tiempos todo es apariencia. Por eso, ver un festival de video como este, con tanta diversidad y posibilidades, es rico.

«Cada vez que vengo a Cuba −comunicó− y no solo al Festival, me llevo la capacidad de crear, porque aquí con poco se genera mucho. Viendo a los organizadores entiendo que hay un esfuerzo sobrehumano de relaciones, organización, comunicación y de que el FIVAC se hace con el corazón. En países con desarrollo no somos capaces de organizarnos así ni de hacer que las cosas crezcan. Allá es un círculo vicioso: estamos esperando que el gobierno lo haga, que otro lo haga, que la empresa lo haga, y nos quejamos de que nadie lo hace. Yo me llevo de aquí el ejemplo del FIVAC.

Desde el 2008 el Festival tiene como práctica socializar las experiencias de eventos y proyectos internacionales, tales como Detrás del Muro, de la Bienal de La Habana, Cuba;  Cine a los Cuatro Vientos, del Certamen Internacional de Cortos Ciudad de Soria, España; y el “Under The Subway-Video Art Nigth”, que  Antonio Ortuño realiza en Nueva York con bajo presupuesto. En este sentido vale destacar la muestra colateral La Próxima Resistencia, que ha puesto en contacto con las visualidades promovidas por el Festival de Cortos de Soria, el Festival Entre Islas (España), y los proyectos Over the Real (Italia), The Distribution Centre for Finnish Media Art (Finlandia), Time is Love (Francia), Under the Subway (Estados Unidos), el VIDEOsPAIN (España) y el de la Universidad Estatal de Montclair, de la cual asistió una delegación de estudiantes estadounidenses.

Javier Muñiz es uno de los curadores que asiste al FIVAC, pero su presencia resulta especial por tender el puente desde Soria, España, y acompañar este Festival desde su gestación.

«Es un honor para mí haber contribuido a que naciera el FIVAC», expresó quien ha fundado Proyecto Cine a los Cuatro Vientos del Certamen Internacional de Cortos Ciudad de Soria, España, el cual se ha convertido en una plataforma de entrada a los Premios Goya.

Este año trajo una selección para la muestra La Próxima Resistencia, donde participa desde la primera edición, porque una de sus fuentes es el intercambio de obras, que aprovecha en su programación desde proyectos como el festival internacional La Boca del Lobo y otras iniciativas que promueven el audiovisual. «Hace falta estrategias para acercar a los jóvenes a la cultura y el FIVAC es un ejemplo de lo que se puede hacer al respecto» −comentó

«Tenemos un arma en la mano −aseguró− con el tablet y el celular. Es un arma buena para utilizarla con creatividad», refirió a propósito del movimiento creativo que ha generado este certamen en Camagüey.

LOS PREMIADOS DEL FIVAC

El Gran Premio del séptimo Festival Internacional de Videoarte de Camagüey (FIVAC) se le otorgó a Lisi Prada (España) por Deriva escópica, por la profundidad y la síntesis al abordar la problemática de la mediación de la tecnología entre el hombre y su realidad, a través de la escena de cientos de turistas que fotografían La Mona Lisa.

El segundo lugar fue compartido para los cubanos Fabián Alejandro González y Rocío Aballí, por sus obras Framed fiction y Cada lunes, cada lluvia, respectivamente, por el uso riguroso de recursos de la animación y la fotografía.

El tercero correspondió al inglés Guli Silberstein, por el juego con el pixel, desde una perspectiva pictórica en Stuff as dreams, donde representa situaciones de violencia y desgarramiento humano.

También merecieron menciones especiales Jonas St. Michael, de Canadá, por On the theatre Road; el estadounidense Ricardo Miranda Zúñiga, por A geography of being; de Japón, Hiroya Sakurai, por The stream VI; la argentina Mariana Lombard, por Instalarse, habitar, vivir, y los cubanos Pável Méndez y Rafael Triana, por Palimpsest y Sobrecarga, respectivamente.

También aplaudido fue Fabio C. Díaz Marcos, de 18 años de edad, al merecer, por R.E.M, el lauro de la Asociación de Ciudades hermanas Madison-Camagüey, uno de los dos colaterales. Este estudiante de la Academia de las Artes Vicentina de la Torre apeló a la memoria afectiva del espectador desde la provocación a imaginar lo que no estaba en el video. El Premio Detrás del Muro, el otro colateral, fue para El hijo del sueño, del cubano Alejandro Alonso.



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


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