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Solo de violín en tres tiempos y un epílogo

Foto: Claudia Otazua Polo

Esta dama de mirada clara lleva por nombre Mariela, Mariela Pérez-Castro. No hay en ella un solo indicio de existencia corriente. A los dieciséis años ya tenía cabellos de anciana y vocaciones diversas, como quien ha vivido muchas vidas y llega a su última reencarnación con una fusión improbable, fantástica y laberíntica de todas ellas.

Una farandulera en la familia

El violín es una historia muy vieja. Yo lo descubrí a los cuatro años, en una de las últimas bodas de alta aristocracia que se hicieron en Camagüey. Recuerdo que en ese casamiento había una orquesta de cámara. En tanto los demás niños jugaban y hacían maldades en aquel enorme jardín aristocrático, yo me paré al lado de los violines a mirarlos todo el tiempo.

Después le dije a mi familia que quería ser violinista. Mi familia, de otra formación por supuesto, pensó que era un horror… ¿Un músico?, ¡qué espanto tener una farandulera en la familia!. Así que a contrapelo de todo el mundo, empecé en la Escuela de Arte con siete años. Y allí estuve hasta a los catorce, cuando coyunturas de la vida me hicieron salir. Dejé el violín por muchos años, por tantos, que ya la gente no se acordaba. En el 2003 volví a tocar, y todavía lo sigo haciendo.

Juez y parte del mismo arte

Antes de ser editora empecé siendo escritora. La literatura llegó sola, como llegó el violín. En mi casa había una gran biblioteca que ocupaba toda una enorme habitación de seis metros por seis metros, y yo no tenía restricciones para llegar a ella. El gusto por los libros siempre estuvo ahí. Vino después un momento en el que además de leer una necesita decir cosas, entonces me atreví a escribir, y hasta ahora van varios libros publicados.

La vida misma me llevó a la editorial Ácana. Allí comencé a trabajar como mecacopista, de manera que en el proceso editorial inicié por el rango más bajito, tecleando en una máquina de escribir los libros que se iban a publicar. De mecacopista pasé a correctora, de correctora subí a redactora de estilo y de ahí, finalmente, a editora.

El trabajo de edición me gusta mucho; es dedicado, delicado y muy muy cuidadoso. Sobre todo, también muy humilde. El editor es ese tipo que trabaja en la sombra, es un fantasma que nadie ve. Como editor, sabes que no trabajas para ti, sino para el autor. Todo el mundo dice: qué buen escritor es García Márquez, pero a nadie se le ocurre decir: qué buen editor tiene detrás García Márquez. Cuando me enfrento a la edición de un libro, me enfrento a un mundo mágico. La magia del papel no la puedo describir.

Una manera de vivir a mi manera

Me he mantenido unida a la Asociación Hermanos Saíz (AHS) desde 1983. Me parece que es una cosa mía; le tengo mucho sentido de pertenencia porque estuve en su nacimiento, he estado en la niñez, en la adolescencia, en la juventud, y ahora la adultez no me la quiero perder.

Al obtener, en el año 1983, mis primeros premios de literatura, la Brigada Hermanos Saíz, que era lo que existía en ese momento, se me acercó y me propuso entrar. Así que a la AHS llegué como fundadora. Durante un tiempo fui jefa de la sección de literatura; después, en otro momento de la vida de la AHS y de la mía propia, ocupé la responsabilidad de vicepresidenta; en otra época también hice promoción cultural. El año pasado empecé a editar la página web: me gusta muchísimo, me entretiene muchísimo y aprendo muchísimo haciendo este trabajo.

Cuando me declararon miembro de honor de la AHS no me emocioné, no me sentí comprometida. Te pudiera decir ahora una palabra altisonante, pero no lo voy a hacer porque nunca me han gustado las frases hechas. El ser miembro de honor lo asumo como una manera de vivir; exactamente es eso: una manera de vivir, no un compromiso hueco. Es el sentir que trabajé muchos años por algo que formaba parte de mí.

Silenciosamente Ofelia. Fiel y maldita. Pérfida y buena

Tengo en proyecto la misión Cultura Venezuela, donde pienso hacer lo mismo que he hecho toda mi vida: dar lo mejor, lo más que pueda, me lo reconozcan o no. Lo que me importa es que a quien yo le dedique mi tiempo, mis ganas, mi energía, se quede con lo maravilloso que tiene la cultura. Yo no concibo el mundo lleno de gente ignorante. Entre más cultas sean las personas que nos rodean, mejor va a ser el mundo y más linda la sociedad.

También estoy escribiendo algunos libros. Desde hace dos años quiero glosar a 57 poetas muertos, todos de lengua española. No me gustan las traducciones. Siempre recuerdo una frase muy famosa de un poeta francés, de aquellos llamados “poetas malditos”, que dice: «La traducción de poesía es como las mujeres: si son fieles no son buenas, pero si son buenas, no son fieles».

Hago ahora la tercera reescritura de un libro de métrica castellana que comencé en el año 2005. Además hay un libro de cuentos que por el momento se titula «Silenciosamente, Ofelia», pensando en la Ofelia de Hamlet, esa infeliz suicida. Este es un libro muy loco que no sé cuándo me atreva a sacar de la gaveta.




2 thoughts on “Solo de violín en tres tiempos y un epílogo

  1. Dilmert

    Buena escritora, buena amiga, apasionada por todo lo que hace y deseosa de hacer todo lo que le apasiona. Un abrazo para ella que mañana le va a agregar este comentario jejeje

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  2. Luis Ramirez velazco.

    Es bueno saber cosas de la vida artística de esa amiga llamada Mariela la cual siempre veo trabajando en la sala de navegación tratando que salga lo mejor que pueda sus compromisos laborales. Solo falto algo y en realidad no falto nada en este breve viaje por la vida de Perez Castro decir lo desenfadada que es y lo fácil que se gana las amistades, pero digo que nada falto pues cuando lees las palabras de ella te das cuenta de eso al instante.

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