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Sin un después... para la crítica cultural

La resistencia cultural de la nación cubana ante la penetración de tendencias «culturales» foráneas tuvo su dosis de contrapunteo profundo, veras… durante la cita creadora de la vanguardia artística agramontina.

Los miembros de la sección de Crítica e Investigación de la Asociación Hermanos Saiz, en esta ciudad, revelaron inconformidad permanente con lo hecho, porque prevalezca un consumo cultural auténtico; genuino, que destierre del universo cotidiano del cubano; el camagüeyano, tendencias enajenantes que desnutren identidades de pueblos.

Aquí los noveles talentos dialogaron entorno a cuánto más le falta por hacer a los asociados para consolidar, lo que durante más de medio siglo la revolución cultural del país ha desarrollado y sostenido, a pesar de las carencias materiales.

Sin dudas la intervención del reconocido escritor Manuel Castro Hernández introdujo un tema que puso ardiente el debate. «La mayor labor creadora de esta sección predomina en la investigación y no en la crítica, condición que se crea —insistió— con la formación del joven, durante sus estudios en los diferentes niveles de enseñanza».

Este desbalance entre la investigación y la crítica no es bueno —agregó— si queremos ser los mayores protagonistas de nuestro amplio proceso cultural.

Las palabras de Manuel dejaron una sed infinita a quienes escuchaban atentos. No detuvo su verbo el escritor. Reclamó: «La crítica ética y responsable, que tanto necesita el país y su inagotable acervo cultural, para la creación profunda y genuina, no puede verse alejada de la formación de la nuevas generaciones y mucho menos del rol que le corresponde a la AHS en el país. Debe ser propósito de la organización —subrayó— fortalecer esta sección, que tiene por encargo también legítimo consolidar la crítica y la investigación cultural, social e histórica».

Opinó el joven intelectual que reorientar a los noveles creadores de esta sección hacia una labor sostenida de la critica artística en Camagüey y en toda la geografía cubana, «no puede quedar para después ni para el mañana, sino el presente», apuntó.

En esa línea de pensamiento la búsqueda de alternativas que identifique una cantera sustentada de talento emergieron en el encuentro de los artistas. En este trascendió como vital estrechar vínculos de trabajos con el amplio universo universitario del territorio, «en el que existe un talento dormido; a la espera de incentivos creadores como los proyectos de lecturas y de creación literaria; que deben ser revitalizados; robustecidos, desde el quehacer de la sección», aseveró Castro Hernández.

Igual de neurálgico la reflexión ahondó en la necesidad de desempolvar aquellas investigaciones, que sustentan la crítica oportuna y necesaria. En tal sentido Isaac Licor; director del Centro Provincial del Libro en Camagüey, razonó, «la investigación es una herramienta indispensable de la crítica para los diferentes escenarios de la sociedad cubana. Retomarlas —aseguró— sería un buen punto de partida no solo para los jóvenes talentos, sino para todos los artistas del territorio».

Porque no puede existir un proceso cultural —certificó Isaac Licor— sin la crítica responsable que prologa los criterios entorno a ese proceso, solo si la emite, o al contrario lo anula con el silencio.

Enorme responsabilidad la de los investigadores jóvenes, quienes no renuncian a transformar una sociedad en el que la balanza del enjuiciamiento no es precisamente la crítica ética, profesional y profunda.

Ser bueno cosecheros de los errores históricos —como nos enseño Martí: « ¿Criticar qué es, sino ejercer el criterio?»— sería el antídoto para una generación que no puede permitirse ser acrítica. Y la Institución que no la admita; la ejerza, «que no se abra a ese diálogo, se convierte por si sola en un censor de la cultura», reiteró Issac, mientras una problemática, descrita por los participante explícitamente, vinculó las valoraciones de los asociados e invitados, durante un intercambio que brilló por el contenido profundo de sus verbos y sustantivos formulados, a pesar de los cinco noveles que mantienen activa la sección.

¿Cuánto le costaría a la cultura agramontina si desaparece la sección de Crítica e Investigación de la AHS en Camagüey? «La solución no es crecer por cantidad, sino desde la calidad —afirmó Yunielkis Naranjo Guerra, presidente de esta filial— lo que indica que habrá que consolidar alianzas y acciones de trabajo integrales con los centros culturales más importantes del territorio, para descubrir en ellos a los futuros miembros de esta sección».

Y es que la crítica ética la ejerce el hombre o mujer con el propósito de encumbrar en el pensamiento social de las naciones el «motor» impulsor y generador de importantes procesos culturales. Sin ella, la crítica, no habrá un progreso sustentable en el tiempo, capaz de dilucidar la chatarra comunicacional—cultural, de la que Cuba no escapa.

Francisco Almeida Pena, jefe del Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba, en Camagüey, abundó: «La divisa de nuestro país es la cultura, y ella también es nuestro escudo ante una guerra cultural sutilmente declarada, pero activa; de la que ya somos diana. Ante este complejo escenario anticultural hay que prepararse, pues la AHS constituye la avanzada de resistencia».

Insistió Almeida Pena que la filial agramontina debe trabajar con énfasis en nutrir los espacios digitales; revistas culturales, páginas web, periódicos… con artículos que enjuicien, evalúen y conceptualicen, desde su lectura y valoraciones los procesos culturales que se establecen en el territorio. «Organizarnos y trabajar integradamente con los medios de comunicación masiva camagüeyanos debe ser una vía más para fortalecer el trabajo de la vanguardia artística», sugirió.



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


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