sanas obseciones del arte

Sanas obsesiones del arte

Por: Legna María Caballero y Alejandro García Gutiérrez
El arte solo es verdadero cuando transforma. Por eso ver más allá de lo que está ante los ojos, es la intención de la obra paisajística de Jorge Luis Pulido. Es joven por sus 29 años y por su mirada fresca; camagüeyano de los buenos y agradecidos.
Quizás la palabra sencilla y la humildad le vengan de sus raíces guaimareñas, tal vez su capacidad de trabajar duro para que la inspiración lo encuentre en plena faena, proceda de ancestros familiares o artísticos.
Como creador, el galardonado en el Salón de la Ciudad 2019, tiene sus propias definiciones, sueños y demonios.

De Academias y aficionados: las barreras del talento

“En Guáimaro, la naturaleza siempre me rodeó y me sentí inclinado hacia ella. Cuando estudiaba, salía por las tardes y hacía estudios analíticos de la naturaleza, observaba y dibujaba. Eso fue lo que salvó mi técnica, más que la formación de la escuela.
“Desde pequeño me gustó pintar y mi mamá me dijo que hiciera la prueba para instructor de arte. Así fue como ingresé, pero ni sabía que existía una academia ni una escuela para aprender a crear. Eso le pasa a muchos jóvenes con talento, que desconocen todas las puertas que se pueden abrir.
“Cuando me gradué, empecé a crear en un pequeño taller en la Secundaria donde trabajaba; luego en mi casa, y el año pasado me vinculé al Fondo de Bienes Culturales.
“Los estudiantes de la Academia pueden saber dibujar, pintar, conocer de crítica y tener la técnica, pero muchas veces no quieren trabajar arduamente. Sin embargo, ellos se gradúan con derecho a su carnet del Registro Nacional del Creador y los otros, que tal vez se esfuerzan más, no tienen derecho a esa identificación. Ahora yo estoy dando mis primeros pasos en ese sentido. Como ha defendido Abel Prieto, tendría que nacer otro Picasso para que se abra el Registro a los aficionados”.

Sus ancestros artísticos

“Mi principal referente fue Iván Shishkin, estudié su obra, mi creación tiene mucho de ese paisajismo ruso. Han influido en mi carrera además: Esteban Chartran, Lorenzo Linares, amigos como Carlos Alberto Casanova y Eduardo Riveras, entre otros.”
Ver qué hay más allá
“Varias personas califican mi obra como surrealista, pero prefiero describirla dentro del realismo fantástico, que se usa más en la literatura y es el que caracteriza mejor mi trabajo. Nunca me sumerjo completamente en el surrealismo, más en el realismo fantástico sí, porque llevo el paisaje como esencia pero no el paisaje típico, sino uno que atrapa para ver qué hay más allá.
“También reflejo en mis cuadros los daños que le provoca el hombre al medioambiente y busco cómo crear conciencia respecto a este tema”.

Definiciones y demonios

“Estamos frente al arte cuando no hay que decir una palabra para que las personas se paren frente a tu cuadro y logren ver algo que los atraiga, naveguen en búsqueda de eso que hace diferente a tu obra.
“Hay coleccionistas que se pueden pasar años con la misma obra frente a sus ojos y cada día le descubren algo nuevo. Eso me sucede con los cuadros de Shishkin, por más que pase el tiempo, sigo encontrándole nuevos elementos.
“Soy algo egoísta, porque suelo trabajar para mí, creo para satisfacer una necesidad personal y no para los demás. Me obsesiona disfrutar de mi creación sin dependencias ni ataduras”.

Cuando no falta el apoyo…

“La Asociación Hermanos Saíz me ha ofrecido los espacios para participar y dar a conocer mis cuadros, así como la posibilidad de relacionarme con otros creadores y ese vínculo me ayuda a experimentar, trabajar en conjunto y exponer en otros lugares para promocionar mi obra. El Consejo Nacional de Artes Plásticas también me ha aportado mucho y le agradezco especialmente a Eduardo Rosales y Juan Gutiérrez Sastre, quienes me ayudaron a participar en la Bienal Internacional de La Habana, en el Proyecto Sopa 3D”.
Los otros límites de la realidad
“La falta de recursos no puede ser la justificación para dejar de producir. Se crea: con carboncillo, con tiza, con lápiz, lapicero. Yo trabajo la pintura al óleo, que es caro, pero normalmente utilizo el lapicero, que es extremadamente barato. Siempre invento algo: busco tinta, acuarela, incluso con café se pueden hacer cosas. Se trata de no quedarse quieto, a pesar de las limitaciones; las barreras solo te las pones tú.”

Camagüey es inspiración y orgullo

“El hecho de que los camagüeyanos hayan perdido espacio entre los diferentes concursos como el Salón de la Ciudad se debe principalmente a la falta de motivación. Todavía es necesaria una mayor interacción con artistas de otras regiones, la vinculación a todo lo relacionado con el arte que se mueva en el país, más allá de los premios.
“Hay que incentivar a los artistas, no con recompensas económicas, sino con la inclusión en los diferentes eventos y publicaciones.
“Es indispensable reconocer que la plástica camagüeyana tiene y siempre ha tenido un alto nivel y valor. En esta provincia han nacido, para mí y para muchos, los mejores artistas de Cuba y en ocasiones se infravalora. Algunos artistas creen, que salir de Camagüey fue lo que impulsó su carrera. No obstante, considero que puedes estar donde sea, el éxito depende en mayor medida del momento adecuado, estar en el sitio que te inspire y rodeado de personas que te apoyan.
“Yo me siento muy inspirado con mi Camagüey y muy orgulloso de haber nacido aquí.”

Lo tóxico de “hacer para vender”

“Un profesor me enseñó una vez que aunque otros hagan sopa, no debes hacer sopa. Sopa le llamamos a la serie de cuadritos que se usan para la comercialización. Pienso que si vas a hacer algo, intentes hacerlo lo mejor posible. Si te caracteriza una alto nivel de estética y después un espectador que conoce tu obra ve un cuadro a la venta con muchas carencias artísticas eso te desprestigia. Incluso, con el tiempo hacer ‘sopa’ hace daño y es tóxico, porque le quitas tiempo y dedicación al verdadero arte.”

De sueños y proyectos

“Como artista uno de mis sueños es visitar Rusia, donde están los cuadros de Shishkin para valorar su obra cara a cara. También quisiera ver los grandes museos del mundo donde están las mejores pinturas de la historia.
“Otro de mis deseos es tener una galería-taller para impartir clases a las nuevas generaciones. Quisiera seguir trabajando y no caer nunca en la fórmula vacía de hacer para vender. Disfrutar de mis creaciones y seguir haciendo mi obra personal.
“En cuanto a los proyectos, tengo para el 2020 una propuesta de exposición de 20 cuadros en La Habana, que ya estoy preparando. Participaré también en todos los eventos que se desarrollen en la ciudad para interactuar con el público, otros artistas y poder superarme.”
La juventud le da al arte osadía y libertad, pero Jorge Luis además le entrega por completo sus horas, sus desvelos y su incansable labor. Al terminar esta entrevista, seguramente regresó al mundo en óleo en el que vive, pues su egoísmo artístico, quizás solo sea la más sana obsesión de crear.

 

Por: Legna María Caballero y Alejandro García Gutiérrez




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