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Saber pintar una naranja

 

Foto: Keiter Castillo

Tal vez Reynaldo Echemendía acaricia vanidades de artista, no podría afirmarlo con certeza; pero si las tiene, las olvidó por completo mientras duró el encuentro con los jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), en la tarde del último viernes. El director del Ballet Folclórico de Camagüey fue uno de los invitados a Estrechando Espacios, intercambio que siempre pone frente a frente a diferentes generaciones de creadores y el cual, durante estas jornadas de celebración por el aniversario 30 de la AHS trajo al café literario La Comarca a varios Miembros de Honor de la organización.

Echemendía no habló de él, no habló de su obra ni de sus premios, que no son pocos. Prefirió, en cambio, echar mano a sus dotes de profesor, esas que tan bien conocen sus alumnos de la sede agramontina de la Universidad de las Artes. Así, propuso el análisis de definiciones que todo joven artista cubano necesita dominar: qué entendemos por cultura, identidad nacional, folclore, popular…

Para él no existen negros, blancos, mulatos, distingue solo el color cubano de esta Isla mestiza. «Ahora mismo −apunta− hay más blancos que negros en el Ballet. ¿Quién dice que el folclore es de los negros, el folclore es de los cubanos».

La condición del ser cubano lo marca significativamente, tanto, que pidió que el próximo 20 de octubre, Día de la Cultura Nacional, no solo se felicite a los trabajadores de este ámbito, sino a todos los que han nacido en esta tierra porque «ese es el día de los CUBANOS”» ¡Hombre preclaro este Maestro!

En él se pierden, se encuentran, se chocan las barreras (si es que existen) entre lo culto y lo popular. Vino al mundo en el barrio del Cristo, el más folclórico del Camagüey y se formó como músico sinfónico. Y que nadie crea que al dirigir una agrupación danzaria tomó otro camino del arte, porque, como él afirma: «La danza es la música que se ve». Todavía hoy, en la orquesta de su Ballet, toca el clarinete.

Reynaldo Echemendía estuvo presente en aquel acto fundacional de la Asociación, en el año 1986. Desde entonces sabe que los jóvenes traen por naturaleza las alas listas para volar; por eso ahora los conmina a no olvidarse del tronco y las raíces que los sostienen, «Porque ningún pintor puede ser abstraccionista sin antes usar el pincel para dar forma a una naranja».




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