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Remake de Sísifo o el audiovisual en Camagüey

Si antes hablar del cine cubano era prácticamente referirse al cine realizado en el marco de Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el devenir de las nuevas tecnologías permite un acceso más democrático a los procesos de producción y distribución de los materiales.

Si hacemos un bojeo por el panorama en el país, resalta el movimiento creador que se gesta alrededor del séptimo arte en la provincia de Camagüey. Hace veinte años eran prácticamente nulas las realizaciones en el territorio, excepto algunos documentales ligados en su mayoría al telecentro. Hoy podemos decir que hay un genuino interés por hacer audiovisuales de los más diversos géneros y temáticas.

En la ciudad, plaza fuerte cultural por tradición, se han creado varios espacios para pensar y apreciar lo mejor de las imágenes en movimiento. El Taller de la Crítica Cinematográfica, el Festival Internacional de Videoarte y el Almacén de la Imagen han sido motores indispensables para fomentar la voluntad de los más jóvenes por el audiovisual. Estos eventos traen hasta Camagüey la experiencia y la obra de críticos y directores quienes transmiten sus conocimientos en charlas, conferencias y talleres.

El pitching del Almacén de la Imagen es un caso especial y ha jugado un rol importante: todos los años ofrece una posibilidad real de producir un cortometraje con un presupuesto fijo, y aunque solo un material pueda resultar ganador, la mayoría de los proyectos en competencia terminan filmándose, bien con la ayuda de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), o con los propios recursos de los realizadores.

Del pitching han salido obras genuinas, diferentes, que resaltan por recurrir a géneros prácticamente inexistentes en Cuba, como el thriller o el terror, por dar un tratamiento serio a las problemáticas del ser humano, mucho más allá de los dilemas cotidianos, y por un obvio estudio de la historia del cine universal.

También ha influido la apertura de una filial del Instituto Superior de Arte (ISA), con las especialidades en medios audiovisuales. Es cierto que la carrera no es perfecta: la calidad de las clases en ocasiones no es la requerida para el nivel que se pretende, los medios son insuficientes y el rigor con que se seleccionan los candidatos no siempre es el correcto; pero el hecho de la confluencia mensual en la ciudad de jóvenes provenientes de diferentes regiones, con un interés común, y la existencia de un intercambio de películas, libros e ideas beneficia la posible realización de proyectos.

¿Qué le falta al audiovisual en Camagüey? Esa es una pregunta que muchos se hacen constantemente. Primero se necesita más recursos –el pan nuestro en todo el país por supuesto–, porque el cine también es oficio, y si no se practica la técnica, no se refinan los discursos. Es preciso también aunar objetivos, romper con los hatos y fomentar la cooperación profesional. Le falta explorar otras vertientes como la animación, el videoclip, la publicidad. Estéticas que pueden enriquecer las experiencias técnicas. Es tarea pendiente: pensar formas de exhibición autónomas, divorciadas de los esquemas burocráticos y que alcancen la masividad necesaria.

Tampoco se ha logrado extender nuevas maneras de realización. Las prematuras productoras surgidas en la capital muy pocas veces se arriesgan a involucrarse en proyectos de las otras regiones de Cuba. No existen, además, los mecanismos y las vías correctas para acceder a permisos de rodaje o recursos. Es como empezar a trazar un camino en medio de la maleza.

Las instituciones temen involucrarse en las producciones independientes; persiste el miedo al diálogo, a la creación, al artista. Es mejor “limpiarse las manos”, cerrar puertas antes de aventurarse a colaborar con un proyecto no vinculado directamente a lo gubernamental.

Muchos jóvenes deciden emigrar a La Habana con la aspiración de ensanchar sus horizontes profesionales. Porque todavía se estigmatiza y se subvalora la obra surgida en el interior; tampoco esta tiene la misma posibilidad de acceso a festivales y muestras.

Otros, por pura obstinación o porque no les queda más remedio, siguen echándole ganas para hacer desde su lugar. Un buen ejemplo ocurre en Nuevitas, donde un grupo de muchachos ha producido un número notable de materiales, dejando fuera las consideraciones estéticas, dignos de un estudio antropológico por su impacto social y por surgir en un ambiente tan poco favorable para la creación.

El audiovisual en Camagüey, como todo movimiento artístico genuino, no es una fórmula química susceptible de ser desmembrada y estudiada fríamente. El arte nunca se podrá forzar. Ojalá un día la cuesta no sea tan empinada para aquellos que cargan con la certeza de saberse creadores, aunque de seguro las pendientes nunca faltarán, pero primero debemos vencer la del presente.




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