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Regalo artístico por la vida humana

Foto: Yahily Hernández Porto

Camagüey.- Bien temprano en la mañana de este martes el ajetreo de una casa gigante, por su numerosa familia de jóvenes creadores disparó los nervios en algunos de sus miembros; el ritmo del corazón en otros, y la imaginación en no pocos, porque todos de alguna manera se representaron cómo sería su primera vez como donante de sangre.

Meditar sobre esta experiencia le quitó el sueño a Yusvany Aranda Abal, quien en sus 20 años, nunca había aportado una gota de su sangre por la vida ajena. Este joven, quien pertenece al proyecto sociocultural Golpe a Golpe, el cual está cumpliendo una década de intenso andar por comunidades distantes del territorio, confesó a la reportera que el no escapa al temor del pinchazo, pero tampoco siente miedo, sino la satisfacción de saberse útil −dijo−, mientras sus compañeros de Casa secundaron sus palabras.

Para el realizador Yojanier Viamontes, quien creció en tamaña solidaridad, esta es la cuarta vez que su sangre llega a feliz destino: salvar a un ser humano.

El artista Viamontes, emocionado por su anécdota, no puede evitar comentarla como hazaña hogareña en medio del trajín que embestía a los trabajadores de la Casa del Joven Creador de esta ciudad, quienes, estrenados en esta empresa solidaria, continuaban su labor en medio de un intenso verano cultural.

Más humilde y sencilla fue la perspectiva asumida por Juan Carlos Gil, artista del proyecto MangaQ´ba, quien afirmó que en su familia donar sangre ha sido como una tradición. «Crecí donando sangre junto a mi familia, ¿cómo no hacerlo ahora −se preguntó−, si esta es una manera bella de ayudar a las personas?», reflexionó al tiempo que sumó: «Este es nuestro aporte individual y colectivo por los 30 años de surgida la Asociación Hermanos Saíz (AHS)».

Bajo esa premisa 30 jóvenes, entre artistas y trabajadores de la CJC, decidieron homenajearse multiplicando vidas desde el arte de la solidaridad, esa que anda escasa en buena parte del planeta.

A tal punto se dispararon los sentidos de la sensibilidad humana entre el calor espontáneo que emergía de los jóvenes, desprendido de lo más sagrado que posee un ser humano, después de los principios: la sangre, que la jovencita Katherine Vázquez Verdecia, de 19 años de edad, quien es asidua a este escenario cultural, se sumó a la iniciativa.

Y es que los jóvenes de la CJC en Camagüey no cesan de repensarse en cómo superarse constantemente para homenajear sus tres décadas de vida, pues ya no les es suficiente llegar a sitios rurales y de difíciles acceso, entregar agasajos con la impronta cultural de sus artistas a niños sin amparo filial y otros internos en el hospital pediátrico agramontino, o mantener activada día tras día sus múltiples espacios dentro de su muy versátil Casa del Joven Creador.

Ahora se iluminaron los bisoños artistas y hacendosos obreros al hacer’ un nuevo obsequio: esta vez, donar sangre. ¡Feliciadades!



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


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