imagen del teatro del viento OTOÑO

Por un Otoño entre Viena y Cuba, un puente en La Habana

Otra vez el camagüeyano grupo Teatro del Viento se apoderó con su calidad interpretativa y sello actoral muy propio, de la Sala Adolfo Llauradó en La Habana, en esta ocasión con la obra “Otoño (Un melodrama)”, pieza de la autoría de Freddys Nuñez Estenoz, creador y director de ese prestigioso colectivo lugareño del arte de las tablas.

Recientemente, en ese punto focal de la actividad teatral capitalina en Cuba, se recreó una tarde de espera en la estación del metro en la lejana ciudad austríaca de Viena, una experiencia del director en un viaje a esa urbe, quien en ese mismo lugar comenzó a escribir la obra y situó ahí la acción.

Códigos del melodrama y de la cinematografía se entremezclaron en una simbiosis espacio temporal casi perfecta donde los personajes, personas que se cruzan a diario de alguna manera, se enlazaron.

Se trata de un rejuego creativo del autor de la pieza en su búsqueda creativa de contrastar varias tramas y hacerlas dialogar sobre la escena; para lo que él es el ciclo de la vida: ese proceso de renovación que como las estaciones brinda el renacer de otros sueños, sentimientos y penas.

La semiótica siempre presente, es ahora un banco sobre el escenario la unidad visual que identifica cada momento de la obra, un banco semejante al usado por el dramaturgo durante el inicio de su proceso creativo en aquella europea estación del metro.

Es ese el objeto que deviene símbolo de lo inamovible, de la espera, de la composición entre lo íntimo y lo privado que propicia la comunicación e interacción entre el actor y el espectador, una característica que deviene carta de triunfo en cada presentación de Teatro del Viento.

“Otoño (Un melodrama)”, se estrenó en junio de 2017 e inmediatamente ganó positivos criterios de la crítica especializada, la cual aseveró en ese entonces que se trata de un hermoso espectáculo que deviene puente entre dos realidades, dos culturas, dos estaciones del año: el otoño y nuestro eterno verano, un imperceptible cruce de historias, de silencios y de sueños compartidos entre la gente de Austria y Cuba, una mixtura donde justamente radica la maravilla de la pieza.




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