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Para que los jóvenes no dejen de crear

Foto: Yahily Hernández Porto

yahily@juventudrebelde.cu

El Salón de Artes Visuales para Jóvenes Creadores Gesto, en su tercera edición, culminado en hace unos días Camagüey, no se limitó a sus necesarios y clásicos salones expositivos. Esta vez trascendió los muros de su Casa del Joven Creador (CJC) —única de su tipo de referencia en Cuba— para estremecer el pensamiento de participantes e invitados.

El giro intelectual llegó al Gesto III precisamente al incluirse en su amplio programa a maestros de la plástica camagüeyana, investigadores, profesores y críticos de arte, quienes desde sus experiencias intercambiaron con las nuevas generaciones de pintores agramontinos.

Uno de los espacios del certamen cultural que aunó criterios y ahondó en torno a los orígenes, evolución y contemporaneidad de esta especialidad, sus grandes íconos de la plástica mundial y el impacto de sus obras en sociedades en desarrollo, fue la clase interactiva del profesor Carlos Gooyes Possee, quien imparte Teoría de las Artes y Cultura Cubana en la Academia de Arte Vicentina de la Torre, en Camagüey.

La magistral clase: “La semilla de la discordia”, del experimentado Licenciado en Educación Artística, Gooyes Possee, polemizó —objetivo principal de su conferencia— en la unión inseparable; dialéctica ineludible entre la obra y su autor.

Desde su pregunta inicial: ¿Qué es más importante la obra o su autor?, el maestro expresó que sobre este binomio conceptual aún no está dicha la última palabra, pues ambas partes —por así llamarlos— trasmiten una época a la que sí hay que prestar atención. «Por eso es muy importante —abundó el académico— que las nuevas generaciones de plásticos creen sobre fundamentos investigativos que no solo validen su obra en desarrollo y en crecimiento profesional, sino que les permitan al joven encontrar sus expresiones desde el legado que aportaron por épocas los diferentes autores en sus obras».

Tal cual la relación del pintor con su obra y viceversa, ilustró otra unión inseparable: aquella que se establece entre los artistas, sus cuadros y la época en que fueron concebidos. «Existe una relación ineludible entre autor-obra-época, que ha permitido el desarrollo de la disciplina. Separarlas —acotó— sería negarnos la evolución. No hay obra —valoró— que no exprese su relación directa con el sello distintivo del pintor, y de ambos con su entorno social; su época».

Dotar a las nuevas regeneraciones de conocimientos precedentes en torno al devenir de la disciplina en todos los niveles de enseñanza de la especialidad, incluso —aseveró— crear un nivel elemental para el estudio del arte en general, donde se dote a los más nuevos estudiantes de herramientas iníciales en esta abarcadora temática se impone ante el vertiginoso mundo del desarrollo de las tecnologías, alertó el profesor, Gooyes Possee.

Una especie de suerte-amiga fue compartir con la Artista de la Plástica Ileana Sánchez en el Café Literario la Comarca de la CJC, quien desde el espacio concebido por la AHS en Camagüey, “Estrechando espacio”, departió con participantes en el evento, asociados y trabajadores de esta institución cultural.

«Para crear solo hay que proponérselo —comentó la relevante artista—, quien además aseguró: «El creador tiene que alejarse de escusas económicas, carencias materiales y derrumbar el pesimismo. En él tiene que imperar el deseo de hacer y pintar», dijo emocionada Ileana Sánchez, Miembro de Honor de la AHS.

La destacada intelectual cubana describió que ni en los más duros años del período especial, que trajo aparejadas adversas condiciones económicas, los artistas cubanos de todas las especialidades, y muy significativamente los de la plástica, dejaron de crear y de crecerse como profesionales de la cultura y como seres humanos que desentrañaban la realidades de una Cuba, también crecida ante una coyuntura económica abrumadora.

«Cada expresión u obra que germinó durante los duros años de la década del 90 lleva consigo el optimismo del cubano, la identidad de un pueblo que supo crecerse; por eso —aseveró— ante barreras materiales como espirituales, incluso —observó— de acríticos del arte, hay que seguir creando desde la impronta de la verdad, la ética y la profesionalidad», apuntó, al tiempo que felicitó a las nuevas generaciones de artistas por no detener su paso artístico en un Camagüey que demanda de la impronta joven y la creación oportuna y comprometida con su entorno, con Cuba, enfatizó.

Acentuó Sánchez —conocida también como la pintora de los gatos y del negro bembón— que el proceso de creación en los artistas se establece espontáneamente y que cuando la musa «baja» al pincel, a la mete del creador, no se puede dejar escapar. «Cada artista joven o experimentado debe levantarse cada mañana con la certeza y convicción de saberse un artista de su época», subrayó.

Acerca de por qué en sus obras se exterioriza un marcado mestizaje o criollismo, un optimismo perenne o el infante que todos llevamos muy dentro reveló: «La tristeza viene sola, ¿para qué entonces pintarla? El niño o la niña dormida que todos tenemos muy adentro es alegría a la que nunca debemos renunciar y soy una mujer mestiza tal cual la identidad de cubanos y cubanas. Por mi sangre corre multiplicidad de razas, a la que no renuncio en mi obra, y porque —apuntó— el color negro es la mezcla de todos los colores; el más representativo para perpetuar la identidad cubana, como la gran mezcla de razas que somos», aseveró.

Antes de concluir su diálogo sincero y ameno aconsejó a los presentes: «La única obra que no se expone nunca es aquella que no se hace».

En esa misma línea de pensamiento, o como hilo conductor de un III Gesto crecido desde el conocimiento y el debate, la conferencia del licenciado en Historia de Arte Yoelxy Pilliner López, “Lo caribeño en la plástica camagüeyana”, cerró una jornada que demanda en lo adelante una mayor integración de la AHS, para superarse permanentemente en venideros certámenes liderados por los jóvenes creadores en Camagüey.

Pilliner López insistió en que la cultura es un espacio de diálogos históricos por excelencia que define a la región caribeña, de la cual no escapa Cuba, ni esta provincia en su condición de zona de confluencias, caracterizada por el mestizaje cultural.

En nuestra cultura caribeña —expuso—, lo criollo fue y es el autóctono antillano, el fundador de la sociedad original de las islas, el producto auténtico que devino de la simbiosis del más antiguo habitante, del colonizador y del que fue traído como esclavo, y el resultado sociocultural de todo ello.

Acentuó que en la cultura caribeña el criollo fue y es, además, un hombre testimonio, que comenzó a repensar su origen e indagar para definir su propia identidad. «Este hombre contiene pasado y presente y es portador del cambio para lo sociedad futura. En él —atestiguó— está el germen trasgresor de los límites impuestos por la sociedades coloniales».

Subrayó que para las artes plásticas este proceso fue complejo de asumir y entenderse. «Significaba una doble acción de revertimiento: el de la norma establecida en la búsqueda de una expresión artística con rasgos propios y el de una reorientación de las funciones y los sistemas de valores del arte. Apoyados en los nuevos soportes que ofrecía la criollidad —insistió— los artistas encontraron un modo de ser modernos. Aunque los ismos de las vanguardias influyeron en la creación, no decidieron el rumbo del pincel: lo esencial —manifestó— era una proyección artística más dinámica que encarnará una realidad diferente que podía ser representada por los artistas de entonces y por los de la contemporaneidad».

Citó que lo caribeño en las artes plásticas en Camagüey también se desarrolló, hasta la actualidad, por una noción de criollidad, que en sí mismo es el resultado de una síntesis antropológica, más allá de la apariencia racial mestiza, que constituye o se alza como esencia cultural de la nación cubana y de esta extensa llanura que por suerte conserva fieles exponentes.

Enumeró entre ellos a Eduardo Rosales, quien combina y recontextualiza la visión de la cultura Aruacos —autodenominados como taínos— en un medio expresivo natural, criollo, identitario y original; a Martha Jimenez, quien no solo revaloriza a la mujer en una sociedad machista, sino que popularizó lo cotidiano como parte de la identidad cubana; y a Ileana Sánchez, quien parte de su conciencia mestiza y de género para indagar en los diferentes aspectos de la sociedad y realidad cotidiana en la que experimenta sus anhelos y sueños. «Ella entreteje con sus pinceles —acentuó— la forma de expresión artística e identidad individual, tan sencillas o complejas como el transporte, la familia, la amistad, el amor…».

En un segundo grupo de pintores particularizó a los artistas Rodrick Dixon y Ebenecer Semé (Beny), quienes retoman en diálogo estrecho con sus ancestros, legados caribeños —anglófono y francófono— y las tradiciones orales, para reencarnarlas en sus expresiones artísticas como elementos identificativos en el panorama cultural caribeño; a Isnel Plana, quien asume lo caribeño, su innato criollismo, a partir de su vínculo con sus raíces campesinas y su formación como geólogo, «signos identitarios —puntualizó— que lo acercan a la tierra, la vegetación y la fauna. Elementos naturales que a la vez denotan su dominio del dibujo y el carácter insular de la mayoría de los caribeños»; a Yanel Hernández particularizado por los paradigmas históricos y la historia universal, y a Denis Izquierdo y Ras-Dany Font, ambos permeados consciente y gnoseológicamente por la cultura Rastafari. «Ellos proponen una verdadera revelación —valoró— en acción plástica, como digno ejemplo de una manifestación cultural de profundas raíces históricas».



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


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