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Nombrar el símbolo

Foto: Tomada de Internet

Las palabras a veces portan un significado más recóndito de lo que nos imaginamos. Tras cada adjetivo calificativo se esconde un mundo de cosas, descripciones y certezas. Y no muy a menudo solemos detenernos a escudriñar en ellos: tiene que venir el turbión, sacudirnos el cerebro y la carne y ponernos cara a cara con las definiciones.

Hace tres días muchos estamos pendientes de internet. Las redes sociales nos absorven el tiempo; las agencias de noticias son un montón de pestañas abiertas en las pantallas de nuestros ordenadores. Nos convocan las palabras, lo que ellas muestran y esconden, lo que alcanzan a significar.

Este ha sido un tiempo de definiciones, de saber quién es quien. En estas horas la paja y el trigo han ocupado su lugar: trigo a la izquierda, paja a la redecha.

Un torrente de amor a Fidel se desborda en mi muro de Facebook. Los descalzos, mis hermanos, muestran su cariño y sus lágrimas, y emplean adjetivos como grande, eterno, fiel, solidario. Una salvadoreña, quien fuera un día guerrillera en la selvas centroamericanas, lo llama Padre. La operaria de una maquiladora clama por un Fidel para su México, porque allá están que no pueden vivir de explotación y miedo. Una jubilada argentina me dice que llora inconsolable desde hace dos días completos, y le parece que desde entonces el mundo se ha vuelto un sitio sin faros que seguir.

Desde Venezuela me envían fotos de pueblo entristecido y palabras de aliento, y me dicen que ahora, en vez de un Comandante Eterno tenemos dos allá arriba en el cielo de la Patria americana para ayudarnos a encontrar el camino hacia el futuro. En el Puerto Rico esclavizado, los independentistas rechinan los dientes porque quieren venir, juntarse con nosotros, firmar el compromiso de fidelidad que hemos abrazado y acompañar a esta Cuba que es la otra ala del pájaro libre que debemos ser.

Un pakistaní me dice amiga y brinda sus dos manos para trabajar por Cuba, y un ruso rescata desde su corazón aquel epíteto de “Isla de la Libertad” que nos daban cuando eran soviéticos, y me pide que en su nombre coloque una flor junto a Fidel. Un poeta en Miami se juega la vida y me comparte un texto suyo, donde los vocablos son palomas de paz y socialismo.

Y en medio de tanto abrazo de solidaridad y tanta mano tendida, me estoy acordando de Guillén, que tan buen amigo fuera de nuestro Grande. ¿Y por qué lo recuerdo? Por aquello de la otra cara de la moneda. Porque allá por el lejano año de 1967, en un urgente poema, el mulato Nicolás  escribió estos versos: “Con sus dientes de júbilo / Norteamérica ríe. / Pero, de pronto revuélvese / en su lecho de dólares, / se le cuaja la risa en una máscara, / y tu gigante cuerpo de metal sube…”

Se acuerda mucho de poemas esta cronista, pensarán algunos. Y tienen razón. Es que la poesía bien escrita no solo es bella, sino premonitoria. Y los podridos dientes de lo peor de Norteamérica muestran hoy una mueca que quiere ser de júbilo, pero resulta una falacia.

Digo esto también a propósito de las palabras. Porque junto a tanto amor derramado y tanta fe en el futuro que me llega desde los cuatro puntos cardinales, también inundan mi muro de Facebook el odio, el rencor, la inopia mental y la mala fe.

Un cercopiteco me amenaza de muerte y otro me dice que cuando el comunismo caiga va a buscarme hasta debajo de las piedras para hacerme pagar. Megalodones, ictiosaurios, pterodáctilos y velociráptors vuelcan alaridos convertidos en hiel. Se atreven los fósiles andantes: tirano, dictador, asesino, son sus calificaciones favoritas para el hombre inmenso que lo dio todo en bien de los humildes. Y les juro, lectores, que en mi vida había visto catarata tan profusa de faltas de ortografía, malas palabras, lugares comunes lamentables e ignorancia.

Sin embargo, se olvidan de una cosa importantísima: Cuba no tiene miedo. Ante cada amenaza hemos opuesto valentía; ante cada insunto, hemos erigido firmeza. A cada calumnia, un argumento claro y la convicción de que para preservar nuestro socialismo seremos capaces de cualquier sacrificio. No en valde somos los hijos del tiempo de Fidel.

 



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


4 thoughts on “Nombrar el símbolo

  1. norly venegas sanchez

    Mi respeto y admiración al líder de la revolución cubana Fidel Castro, una de las personas mas grandes de todos los tiempo de la existencia humana, en la vergüenza y la dignidad de tu pueblo va tatuada la memoria de tu historia y tus actos,”HASTA LA VICTORIA SIEMPRE”.

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  2. Pérez-CastroPérez-Castro Autor del artículo

    Claudia Otazua me comenta:

    Cuando llegò la noticia estaba yo en La Habana, no en la que muestran por la tv en la programaciòn especial, no, en La Habana màs triste donde vi gente alegrarse, celebrar la muerte. !Què pena sentì por esos seres absurdos!, qué espíritus tan pobres. Qué ser humano, más allá de sus posicionamientos ideológicos, de sus afiliaciones partidistas, qué ser humano podría regocijarse ante la muerte de un semejante? Claudia

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  3. Alex Fonte

    Amanecio diferente en mi ciudad hoy pues todos los que sentimos la perdida fisica de FIDEL nos disponiamos para acudir a la carretera central en cualquier punto y asi dar con respeto el adios mas sentido y profundo a nuestro comandante.Yo distante no encontraba un transporte para llegar primero sin perder tiempo ,asi estube varias horas en espera impaciente ,al final mi adios fue como el de millones en un pueblo unido camagueyano que con la verguenza de Agramonte rendimos el adios fisico pues su legado no demorara en hacerse presente …YO SOY FIDEL … las palabras que secaron mi aliento pero no se dejo de escuchar por todo su transito frente en alto.

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  4. Katherine

    Es una gran pena que hayamos perdido físicamente a nuestro querido comandante, pero aunque no este con nosotros siempre sera nuestro ejemplo a seguir y estará en todos los corazones para la eternidad

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