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Libre como improvisación de jazz

foto: Claudia Otazua Polo

Zule Guerra es una mujer muy libre y si de otro modo fuera no podría crear su arte. Ella es una dama del jazz, una scatista impresionante capaz de transformar su voz en mil instrumentos y brindar, a pura garganta, un concierto majestuoso. Quizá de su amor por la Bioquímica le quedó esa manía de combinar elementos, de formar nuevas sustancias. Con un poquito de funk, otro tanto de electrónica y de blues, algo de música latinoamericana y mucho, muchísimo de cubana, trajo Zule Guerra a la escena sonora del país este ajiaco musical conocido como NuJazz.

Solo apenas 27 años tiene Zule y ya sabe qué se siente ganar un festival Jojazz, obtener el Premio de Oro en el Festival Internacional de las Artes Baltic Stage, en la lejana Letonia, y grabar su primer disco con una agrupación propia, bajo el sello de la EGREM. Justo por estos días, Zule Guerra recorre la Isla con su banda Blues de Habana para presentar este CD y celebrar con él los 30 años de la Asociación Hermanos Saíz (AHS). Durante su paso por Camagüey, nuestra web no perdió la oportunidad de conversar con ella.

Científicos con alma de filin

—Eres graduada de Bioquímica, ¿cómo llegas a la música, al jazz?

Me gradué de Bioquímica, pero estudié antes en el García Caturla. La música está presente desde que era pequeñita. Siempre digo que mi inclinación a este mundo viene de mi familia; a pesar de que son científicos formaban buenas descargas de filin. En la etapa de mi adolescencia, recuerdo que mi mamá y mi papá cantaban canciones de este género y también boleros. Poco a poco ese universo fue gustándome.

Al jazz me fui acercando al llegar a la universidad. Allí comienzo a vincularme con personas que trabajan este género y decido hacer, junto a un guitarrista, un proyecto que vinculaba el jazz con la música alternativa. Le pusimos De Raíz, y con él entramos a las filas de la Asociación.

Igualmente nos presentamos en el espacio de jazz de la UNEAC, y allí conocimos a varias personas que luego, cuando yo formé mi agrupación, me presentan al maestro Bobby Carcassés. Es él quien me da un vínculo más serio con este género cuando nos invita a uno de sus conciertos para celebrar el Premio Nacional que le dieron en ese entonces. Tocamos frente a un público tremendo, y allí conocí al trompetista Yasek Manzano. A partir de esa presentación nuestra, Yasek me invitó varias veces a trabajar con él. De manera que cada vez me adentraba más en este mundo del jazz.

En el 2013, resuelvo presentarme en el concurso Jojazz y obtuve Segundo Premio por interpretación en categoría mayores. Ya para entonces tenía mi banda armada y éramos profesionales, de ahí que decidimos irnos al Centro Nacional de Música Popular adonde pertenecía la mayoría de los jóvenes jazzistas. Poco a poco nos programaron en todos los festivales. Actuábamos en clubes nocturnos, en peñas, en espacios de otros artistas, pero nunca habíamos hecho un concierto oficial, hasta que en el JazzCrea presentamos a nuestra agrupación, con el concierto Blues de Habana.

Cuidados de madre

— ¿Cuán determinante fue para tu carrera ingresar a la AHS?

Para mí fue un paso muy importante porque hasta ese momento trabajaba de forma aficionada, en los festivales de cultura de la FEEM cuando cursaba el bachillerato y luego en los de la universidad. Aquel no era un trabajo que se pudiera divulgar a una escala más amplia, más profesional, se quedaba en el marco de la escuela. Para presentarme a la AHS realizamos una labor muy delicada, con mucha exquisitez, grabamos videos, hicimos currículums para mandar, porque realmente queríamos que nos escogieran, queríamos integrar las filas de la Asociación.

¡Y mira!, casualmente, luego de llevar unos años dentro de la AHS, me escogen a mí para ser jurado de las próximas generaciones que iban a entrar en el formato de jazz. Eso me dio tremenda alegría.

La Asociación, sobre todo, cuida el buen arte. Formar parte de algo que te proteja como artista es muy bueno. El jazz no es un tipo de música que le guste a todo el mundo; en cambio la AHS nos da los espacios para presentarnos, para crear, cuida este modo de hacer música.

Suerte no, talento

— ¿Sientes que en tu carrera vino primero el reconocimiento internacional? ¿Qué tan difícil fue insertarse en los circuitos culturales cubanos?

¡Mmmm!. Es difícil, pero no imposible. Creo que también he corrido con un poco de suerte porque solamente la agrupación tiene tres años y en ese tiempo ya ha obtenido muchísimos logros. El género que escogí no es de lo más televisados, o de los que más ponen en la radio; a pesar de que es un género popular siempre se ha considerado un poquito elitista, sin embargo nosotros hemos corrido con la suerte de ganar esos espacios. Quizás esto pasa por el hecho de que el grupo lleva una cantante, de que soy mujer, y con esto la reacción ha sido: “Oye, eso no había sucedido antes”. Ocurre que hay muy pocas mujeres cantantes en este género, y sobre todo, que lo hagan con una agrupación que las respalde. Creo que tal vez es eso lo que nos ha salvado y lo que ha hecho más noticioso nuestro proyecto. O sea, que no ha sido taaaaaaan difícil para nosotros como puede haber sido para otras agrupaciones.

Ser mujer en un mundo de hombres

— ¿Crees que el jazz es un género de hombres? ¿Cómo valoras la presencia femenina en este género?

El hecho de ser mujer tiene una doble cara: te singulariza por un lado, y por otro, existen muchos recelos que hacen más difícil ganarse un prestigio dentro del circuito jazzístico, donde hay muy pocas mujeres y generalmente solo se les llama una vez para cantar una canción, o como invitadas de un gran instrumentista. Un trabajo serio con una jazzista, aquí en Cuba, es muy poco observado. Existen grandiosas cantantes que yo respeto y admiro muchísimo, no soy la única. Ojalá se nos sigan abriendo las puertas para continuar demostrando y ofreciendo el buen arte que puede dar la canción, la palabra, dentro del género.

Sinceramente cubana

— ¿Cuáles son las influencias musicales más marcadas en tu obra?

La principal influencia es Billie Holliday, aunque cuando escuchen mi música, muy pocas personas, quizás solo los expertos, puedan notar su presencia. Lo que más me inspira de él es su manera de interpretar, su sinceridad, eso era lo que impresionaba a todos. Billie no tenía una gran voz, pero sí una gran capacidad interpretativa, lo mismo te hacía reír que llorar, y eso es lo que me enamora en su música y lo que ha movido la mía durante todo este tiempo.

Ella Fitzgerald también, por la vía del scat (improvisación vocal en el jazz). Es la Primera Dama, aunque también esta Sarah Vaughan que fue muy buena scatista, Louis Armstrong que además de trompetista era cantante y fue el padre fundador del scat.
En Blues de Habana está muy presente la influencia de la música cubana. Todas las canciones me gusta cantarlas en español, me interesa muchísimo defender el idioma dentro del jazz. Es posible tener canciones de jazz cubanas. Tengo en el repertorio Tú no sospechas de Martha Valdés, Lo Material del maestro Juan Formell, me gusta recuperar esos grandiosos temas que han formado parte de nuestra música, con arreglos quizás más contemporáneos, más atrevidos, utilizando la métrica irregular, las armonías con más modulación, con influencia jazzística, pero manteniendo la canción.

Ríe, se avergüenza, niega

—Estás considerada la mejor intérprete femenina de jazz del país, ¿cuánto pesa este reconocimiento?

Lo primero que quiero decir es que eso no es cierto, porque yo conozco muy buenas jazzistas. Existen muy buenas instrumentistas, como Yipsy García a quién respeto muchísimo y me quito el sombrero ante ella, una de las bateristas más solicitadas en Cuba, de las más importantes dentro del género.

Están también las muchachas de Canela, que cultivan el jazz y son muy buenos muy buenos músicos. Leyanis Valdés, la hija del maestro Chucho Valdés, está de igual manera en el piano de una forma muy fuerte. Así que hay muchas instrumentistas mujeres que están defendiendo el género, que están en la vanguardia, que son respetadas por los hombres y eso es muy importante. Par mí sería un honor trabajar con esas personas.

Ahora, como cantante, hay muy buenas cantantes también; no me gusta que me pongan en esa posición de las más importantes, porque me siento un poco incómoda. No obstante, muchísimas gracias por valorar el trabajo, por tenerlo en ese nivel de estima. Lo más importante no es ser famoso, sino que sepan apreciar el trabajo y que además se disfrute. Para nada me considero la mejor jazzista joven ni nada por el estilo, y lo digo con tremenda humildad, no con falsa humildad, no no.




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