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La misión de un hombre

...un hombre es un hombre

en cualquier parte del universo

si todavía respira

y si todavía respira

debe inventar unas piernas,

unos brazos, un corazón,

para luchar por el mundo.

José María Memet, 1974.

Jesús Aismar Zamora Ávila nació de verdad a los 15, cuando intuyó su futuro en aquella premiación. Ese día llegó al mundo hecho cuartetas. Con un poema había correspondido la ocurrencia de la Fundación Guayasamín, ese estímulo a lo creativo que fue el concurso internacional 70 Años de Vida Ejemplar y Revolucionaria de Fidel Castro.

Era único allí, el invitado número 104, el único en levantar alarmas con su respuesta al Comandante en Jefe. «Muchas felicidades. Estas son las cosas que me hacen saber que lo que yo he hecho durante casi 40 años no ha sido en vano. Entonces le contesté: Es una lástima que en este minuto yo no pueda decir lo mismo».

Este camagüeyano quería seguir estudiando, pero le habían cercenado el sueño con aquello de que la Educación Especial en Cuba solo llegaba a noveno grado. Mas el Líder, experto en otear las discapacidades de quienes aparentemente nada tienen de limitación, buscó a su valiente muchacho después de la ceremonia: «No te preocupes. Yo te garantizo que tu Revolución no te va a dejar desamparado».

 

UN DÍA PARA EL PRESENTE

«Aquel poema se llamaba Un día para la historia. Lo perdí. Antes no sabía si iba a ser escritor, pero después de eso me lo tomé muy en serio. Luego vino todo». Cuando el certamen, Zamora ya debía estar en el preuniversitario. Por sus notas había ganado la Vocacional, pero ni allí ni en los pre de Sierra de Cubitas tenía cabida, por la negativa al derecho de las excepciones.«Vine para acá y lo vedado se me dio, primero en la facultad hasta que llegó el IPU Manolito Aguiar, en La Habana.

«En esos tres años lo que me sobrecogía era cómo con tantas ocupaciones, él tenía tiempo para hacerme una llamada, por breve que fuera, para pensar en mí, en mi estudios, en cómo yo estaba».

Entonces Zamora, el indetenible, subió al escalón superior. En Camagüey matriculó Derecho a distancia, incluso venció asignaturas de cuarto año, pero la búsqueda exacta de su calibre lo llevó al cambio de carrera: «Cuando vino la posibilidad de la universalización pasé a Estudios Socioculturales. Soy licenciado desde el 2013».

 

ANTECEDENTES CRUCIALES

Al décimo aniversario de su encuentro con Fidel, el joven le envió una misiva, y del Consejo de Estado le llegó el acuse de recibo. Para los 20, este febrero redactó otra, pero quiso el azar que no encontrara emisario. Una cuartilla con todas las honduras. Zamora aprendió a vivir con lo que no había nacido, porque una parálisis cerebral a los tres años de edad lo condenó a la silla de ruedas, pero nunca se paralizó.«Tuve una maestra ambulante en mi casa, desde preescolar hasta sexto grado. Del ‘93 al ‘96 hice la secundaria en la escuela Solidaridad con Panamá, única en América Latina; me dio la perspectiva de cómo una persona puede desarrollar el intelecto y lograr cosas en la vida».

En la pared del aula vio un pensamiento martiano: “A las estrellas no se sube por caminos llanos”. Allá le encuestaron unas muchachas de la Licenciatura en Educación Especial empecinadas en demostrar la rehabilitación con arte.

«Yo formé parte de un experimento científico. No tenía oído para la música, ni aptitudes para la plástica, pero quería estar allí, y se me ocurrió decir que escribía. Enseguida me pusieron un instructor. Después no supe más de ellas. No recuerdo ni un nombre. Era parte de una muestra, ahora resultado en lo que soy».

 

VIVIR CON ROSTRO

Ante el premio de la Fundación Guayasamín bruñó su actitud: «Cuando le coges el gusto a escribir, no puedes despegarte. Después vino el ansia de crecer y de reconocerme a mí mismo escritor». Esa reafirmación con la literatura se alzó desde la Universidad, con el primer libro, Sed infinita (Editorial Ácana, 2008).

Por algo el último trabajo de curso para acompañar la prueba estatal fue “El erotismo y la sensualidad en la obra poética de Roberto Manzano”, a quien considera «el Poeta Nacional de mi Generación».Todavía integraba el Taller Literario Rómulo Loredo, hasta su crecimiento a la Asociación Hermanos Saíz en el 2009.

Luego, con el mismo sello publicó Morir sin rostro (2014), por resultar ese cuaderno Premio de la Ciudad el año anterior. Un ejemplar pensaba enviar junto a la segunda carta de gratitud a Fidel.

«La AHS me ha dado infinidad de espacio. En la Casa del Joven Creador tengo la peña Encuentro con el autor, que heredé de Yoandra Santana, los terceros lunes, a las 8:30 p.m.».

Pero Zamora no se queda ahí. Ha sido Vanguardia Nacional de la Asociación Cubana de Limitados Físico-Motores (Aclifim). Lidera su Comisión de Historia desde el 2003: «Quiero hacer muchas cosas. Una de las que hago con cariño, y de manera voluntaria, es apoyar sus eventos culturales, que debían potenciarse más, porque me veo reflejado en el trabajo que hicieron conmigo. Allí como a todo llevo La Misión de un Hombre, un poema del argentino nacionalizado en Chile, José María Memet, que descubrí en el libro de Español-Literatura de 12mo. grado, y ha sido himno de combate para mí».

Ante la noticia de la muerte física del Comandante, Jesús Zamora solo atinó a glosar cuatro versos del Canto a Fidel, uno de los primeros poemas inspirados en el Líder antes del triunfo de la Revolución, que una matancera compuso en 1957 y envió de manera clandestina a la Sierra Maestra.

Gracias por ser de verdad,

gracias por hacernos hombres,

gracias por cuidar los nombres,

que tiene la libertad.

                       Carilda Oliver Labra

 Yo soy la tierra que intuye

del Turquino las entrañas.

Soy el eco de tu hazaña,

esa que en orgullo bulle.

Por ti, mi espíritu fluye

digno hacia la libertad.

En ti la Fidelidad

toma cuerpo, se hace eterna

y hasta la luz se consterna:

Gracias por ser de verdad.

 

Gracias por hacernos hombres

con talento y con decoro

gracias por ser el tesoro

y la voz de los “sin nombres”

gracias por darle renombre

a esta gran isla antillana

por el hoy, por el mañana

que pusiste en nuestras manos,

por situar a los cubanos

en la historia americana.

 

No hay espacio para el llanto

en el país que nos dejas,

No hay lugar para perplejas

congojas, ni desencanto.

Nos falta por hacer tanto

para ser dignos de ti

como fueron de Martí

tú y tus valerosos hombres

gracias por cuidar los nombres,

de esa historia para mí.

 

El mundo de hirsuta crin

se resiste a tu partida

pues tú aliviaste su herida

de un confín a otro confín

y cuando sonó el clarín

se tornó tu humanidad

en río de dignidad

a la sombra de un cafeto.

Tú eres el blanco amuleto

que tiene la libertad.




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