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La búsqueda de Zhang Yimuo o tesis sobre la incomunicación.

La vida pocas veces nos ofrece la posibilidad de despedirnos. Casi siempre la muerte llega sin avisar, sin mandar antes un telegrama o una señal que permita, a los que nos quedamos, decirle al ser sentenciado lo que quisiéramos. Todo queda colgado en alguna parte. Palabras, sentimientos, acciones que vagarán para siempre sin dueño.

Este es el sabor que deja La búsqueda, filme de Zhang Yimuo trasmitido por el programa La séptima puerta, sin temor a equivocarme uno de las pocas transmisiones televisivas que no decepcionan y al cual debo el descubrimiento de directores y títulos imprescindibles.

Zhang Yimuo es un ejemplo. Las realizaciones del director chino se quedan rumiando en la mente por días, sin poder escapar de ese estado de ánimo propio de las buenas películas asiáticas.
En el caso de La búsqueda, estrenada en el 2005, quizás la realización menos conocida del creador, es una historia que difiere del ciclo de superproducciones entre los cuales se encuentra, La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006).

Es cierto que no es de las mejores obras firmadas por el director chino, pero conserva ese halo auténtico de sus películas que escarba en las preocupaciones y pesares más humanos, mientras que recurre al unísono a una China moderna y tradicional.

El argumento dramático tiene como premisa el perdón y la incomunicación desde el nivel más íntimo que ocurre a nivel familiar hasta a nivel de nación. Yimuo nos propone la historia del viaje más importante en la vida de un japonés por el corazón de China. Cuando Takata Gou-ichi (Takakura Ken) conoce de la enfermedad terminal de su hijo Ken-ichi (Nakai Kiichi), de quien está distanciado, se apresura a acudir a su lado. A través de una cinta de video que le da su nuera al negarse el hijo a verle, descubre una promesa que lleva a Takata a emprender una odisea a través de China para demostrar el amor que siente por su hijo.

Durante el viaje se encuentra con toda clase de desconocidos, descubre las virtudes de los hombres y recupera un concepto de la familia que creía haber perdido.

Takata descubre que veces hay que viajar para encontrar el camino de regreso a casa. Desde el punto de vista emocional es un encuentro con los gustos y peculiaridades de un hijo que le resulta ajeno, pero también es el hallazgo de una china tradicional, simple y hospitalaria.

En este título distintivamente a otros del realizador, el protagonista es masculino. El personaje está construido sobre la pura contención, a medida que las acciones transcurren van develándose los miedos, los principios y los sufrimientos del padre. Resaltar la actuación del niño que aparece en el camino recorrido para cumplir la promesa, a pesar de su corta edad se mueve en un abanico de emociones digno de audaces intérpretes.

La fotografía, sin dejar de explotar la belleza y las peculiaridades del paisaje, es intimista. Prácticamente sin movimientos de cámara, pareciera que no ocurre mucho dentro del cuadro cinematográfico; la catarsis está dentro del personaje principal y su lucha por cumplir con el sueño de su hijo.

Planos impecables no le faltan a La búsqueda, algo propio del cine de Zhang, quien antes de emprender su trayectoria como director aprendiera las posibilidades estéticas y semióticas de la imagen cuando fungió como operador de cámara en las películas Tierra amarilla (1984) y Da yue bing (1986), del director Chen Kaige, director que forma parte también de la llamada quinta generación del cine chino.

La búsqueda quizás no esté a la altura de obras maestras como El camino a casa y Ni uno menos, ambas estrenadas en 1999. Pareciera una historia contada cientos de veces, pero en las manos de Yimuo el filme desborda de toda la complejidad sentimental que pueda existir en los lazos filiales, sin acudir a los trucos gastados para sacar lágrimas. La sobriedad de las macropropuestas se impone, apoyada por la excelente utilización de los recursos expresivos propios del medio.




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