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Hacer el pan entre todos

foto: Claudia Otazua Polo

En el año 2013, dos muchachos norteamericanos consiguieron una nominación a los Premios Oscar con una película filmada completamente con un iphone 4. Más allá de lo insólito, lo peculiar, y claro, más allá de la publicidad que esto representó para el teléfono de la Apple (habría que investigar la influencia de la firma de Steve Jobs en esta nominación), el suceso significa un reconocimiento al uso creativo que estos chicos hicieron de la tecnología. Justo ese (lograr un uso creativo de la tecnología, no lo de la nominación a los premios de la Academia, quede claro esto) es el propósito del crítico de cine e investigador camagüeyano Juan Antonio García Borrero, con su proyecto de animación sociocultural El Callejón de los Milagros.

Su idea es construir un espacio de forma endógena y sinérgica que sea, a la par, aglutinante e irradiante. Así, se alió a los jóvenes de la Universidad de Camagüey, de la Unión de Informáticos de Cuba (UIC) y de la iniciativa particular ORSIS, que desarrolla aplicaciones para dispositivos móviles en plataforma de software libre. Todos ellos, junto a un puñado de público (en su mayoría miembros de la Asociación Hermanos Saíz) asistieron este sábado a la segunda Cibertertulia en el propio Callejón de los Milagros, para allí darle cuerpo de debate a este impulso creador de Juany.

En su presentación, el mismo Juan Antonio señaló que estas citas todavía no eran cibertertulias, sino solo tertulias a secas donde reunirse a compartir y contraponer criterios, no a escuchar conferenciar a un grupo de expertos. Y con certeza la polémica fluyó porque entre los presentes no faltaron los interesados en colaborar, ni las mentes dispuestas al pensamiento profundo.

Tal vez hubieran sido muchos más los involucrados en ese diálogo, si la ambientación invitara más a la intervención democrática. Para próximas tertulias debe tenerse en cuenta la disposición espacial de la sillas, y no recrear, como en esta última oportunidad, un formato de panel que divida a audiencias y ponentes, si lo que se quiere es precisamente una tertulia, pues hay que predisponerla desde la distribución de los asientos. Quizá acomodar las sillas en forma de círculo sea una mejor alternativa.

Orlando González Cento, representante de ORSIS, expuso seis propuestas prácticas para la informatización del Callejón: una plataforma cultural y de gestión que incluye comunicación interna mediante VoIP (servicio de llamadas, mensajería, buzón de voz e integración con sistemas de seguridad, todo de forma gratuita dentro del espacio del Callejón); una plataforma tecnológica para la gestión del Bar Casablanca, donde se incluya la posibilidad de reservaciones en línea y, cuando se permita, también el pago on-line.

Asimismo, se propuso una videoteca on-line, una aplicación llamada cinema app para la publicidad de ofertas y servicios culturales, una plataforma para la reservación de ofertas culturales en cines, tetaros, etc., y un sistema de propaganda con televisores, pantallas y marquesinas electrónicas. Además, el proyecto incluye una galería interactiva dentro del cine Casablanca y talleres infantiles donde los niños podrán filmar sus propios cortos con sus dispositivos móviles.

Cada una de estas plataformas ya está creada, ya existe; para ponerlas en práctica solo falta la autorización de las autoridades pertinentes, y por supuesto, la tecnología que haga posible la arrancada de una red wifi interna en el Callejón de los Milagros. De manera que el proyecto, por el momento, choca con dos grandes muros interrelacionados.

Allí se dijo que existe una disposición política y una voluntad de los dirigentes de las diferentes instancias provinciales y nacionales para que este proyecto de informatización se desarrolle; en cambio, no estuvo presente ninguna de esas instancias implicadas. ¿Qué puede hacer un grupo de intelectuales y creadores reunidos para debatir y construir un proyecto que beneficiaría a Camagüey, si los decisores con capacidad para volverlo realidad están ausentes? ¿Dónde quedó, por ejemplo, ETECSA, que, como señaló uno de los participantes “es una empresa estatal y socialista que controla todas las comunicaciones y las redes de este país a la manera de un monopolio”?

Otra de las grandes interrogantes de la noche tuvo que ver precisamente con la tecnología. En tanto persistan restricciones aduaneras de importación de equipos (para entrar una wifi, por ejemplo, se necesita un permiso especial del Ministerio de Comunicaciones) no será posible informatizar al país. Esto redundó en la interrogante anterior: ¿Existe entonces una verdadera voluntad política para informatizarnos?

Alfredo Fuentes, impulsor del proyecto COMIC ART y otro de los invitados a la tertulia, puso el debate a punto de caramelo cuando señaló que ninguna de las propuestas del Callejón de los Milagros tiene que ver con la esencia de la web2.0 donde los usuarios son los gestores de su propio contenido. Para él esto no basta: se necesita de una vez y por todas el internet. Muchos coincidieron en que el paso a la informatización tiene que darse con un salto, y no ir con baby steps. Es cierto, como seres humanos ambiciosos por insertarnos en los estándares internacionales de informatización siempre querremos más; en cambio, el camino más largo debe iniciarse con un primer paso, y ese es el proyecto del Callejón de los Milagros. Para algunos tal vez resulte insuficiente. A esos les pregunto, ¿qué haces tú para alcanzar lo que reclamas? Cualquier impulso, por pequeño que sea, es preferible a la inacción.

También estuvieron quienes de manera acertada apuntaron que no se puede reinventar la rueda. Se precisa de una mirada a espacios similares en otros países, tomar de ellos lo positivo y edificar el propio. En México, sin ir más lejos, los principales monumentos y edificaciones históricas poseen un código QR, el cual permite el acceso a una red wifi donde se encuentra toda la información acerca del inmueble. Camagüey, ciudad patrimonial con amplia presencia turística, podría aprovechar una iniciativa como esa.

Por otro lado, el desafío mayor radica en hacer este espacio atractivo para los jóvenes; enamorarlos con propuestas culturales de mayor presencia estética y conceptual; convertir el Callejón de los Milagros en un sitio de socialización de saberes. “Si Jauny logra eso, le vamos a levantar una estatua aquí, porque el 80 por ciento de la juventud cubana puede vivir —en términos de consumo cultural— con reguetón, fiesta, y redes sociales on-line”, así sentenció uno de los asistentes a la tertulia.

Ese comentario se respaldó con solo una mirada alrededor: justo al lado estaba el Bar Casablanca, con una cola respetable en su entrada. Esa fila larga de jóvenes que aguardaban por acceder al local, ni siquiera se percató de lo que sucedía en la tertulia; no escucharon que hablaban de ellos; no se inmutaron, no les interesó, ni siquiera les llamó la atención ese grupo de personas reunidas allí con luces, cámaras y micrófonos.

En efecto, los muros por derribar para alzar el proyecto de animación sociocultural del Callejón de los Milagros, todavía son muchos. Juany, como él mismo dice, pone la levadura, pero el pan, hay que construirlo entre todos.




One thought on “Hacer el pan entre todos

  1. REIMUNDO AGOSTO

    Que buen artículo este. Se necesita cosas como estas para criticar la falta de todo que tenemos en nuestra provincia para lograr el buen arte. Las autoridades se hacen como si no se enteraran de nada y hablo en general. Pensemos cuál es la justificante; ¿el bloqueo? No creo que todo podamos culpárselo a algo que es cierto, pero que a veces lo cogemos como un escudo para no hacer nada. Yo me uno y es una lástima que no me haya enterado para asistir a la tertulia. Espero para la próxima entérame y estar para ver y escuchar si fueron leídas estas letras escrita por Claudia.

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