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Hacer de la luchita un arte

Foto: Cortesía del entrevistado

 

Varios sucesos, en apariencia aislados uno de otro y en apariencia intrascendentes, perdieron todo matiz de azar cuando me colocaron frente a frente con Pedro Franco. Si la conexión a internet en la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de Camagüey no se hubiera interrumpido de improviso; si la economista no hubiera avisado que llegó el salario; si aquel chofer gentilhombre no me hubiera dado un aventón… un segundo de más o de menos, el más pequeño cambio en la cadena de acontecimientos, y perdía la entrevista perfecta con el director de los irreverentes de El Portazo, grupo matancero que por tercera vez llega al Festival Nacional de Teatro de esta ciudad.

Esta fue, digámos, una entrevista callejera. Pedro andaba con prisa, sin tiempo para sentarse a contestar mis preguntas; necesitaba llegar hasta su hotel cuanto antes. De tal suerte, preferimos unir lo útil con lo agradable: yo lo conducía hasta el hospedaje, y en el camino respondería mi cuestionario. Si usted conoce la ciudad de Camagüey, sabrá que al teatro Avellaneda lo separan solo tres cuadras del hotel Isla de Cuba; basta atravesar por la calle República. Pero Pedro no lo sabía, de manera que lo llevé por una ruta más larga y traté de que el tiempo me alcanzara para soltarle toda mi ráfaga de interrogantes. Si el artista se daba cuenta de la treta, siempre me quedaría la posibilidad de alegar que yo tampoco soy de Camagüey −pensé.

Desarraigo

«Yo soy actor de formación; me gradué en la Escuela Nacional de Arte en el año 2003. Luego emprendí un periplo de desarraigo porque no quería entrar a la ciudad de Matanzas, no me interesaba su panorama, por supuesto, por desconocimiento.

«Y así estuve unos siete, quizás ocho años, trabajando en diversas compañías que fueron, desde Pequeño Teatro de La Habana con José Milián, hasta el Mejunje, en Santa Clara. Yo creo que de ahí, de todo ese ciclo, viene mucho de lo que se puede entender quizás como la poética de El Portazo. Soy actor de formación y director por necesidad expresiva.»

Cuando el fenómeno migratorio te sube a las tablas

«Ahora actúo, me ha tocado. Mis amigos me hacen bromas; dicen que yo trabajo en todas mis obras, que no me puedo desprender; sin embargo, nunca es esa mi intención.

«Es curioso… Hizo falta que hiciera Por Gusto en Camagüey, en el año 2012, porque uno de los actores del elenco había emigrado un mes antes del Festival de ese año y tuve que asumir. Ahora me vuelve a tocar en el 2016; tengo que volver a actuar porque otro actor volvió a emigrar hace como un mes. (RISAS). Entonces sí, de alguna manera nunca estoy lejos de la escena. No me gusta, no es mi prioridad porque no me permite tener una visión integral del fenómeno teatral en sí».

Los riesgos del límite

«El nombre de El Portazo se lo debemos a Elián Olivares, uno de los actores que trabajaba en el grupo, fundador además. Se trata −fíjate− no de salir de cierto lugar, sino de entrar a otro. ¿Sabes?, es esa puerta de límite entre una zona que ya conoces y otra que te resulta desconocida. Viene por Sabina, que dice en una de sus canciones: “El portazo sonó como un signo de interrogación”. Durante un tiempo nos sirvió este verso como logo del grupo. Viene también, y sobre todo, por el portazo de Nora, en Casa de Muñecas, de Ibsen. Siempre con ese juego, el del irse hacia el riesgo».

Alianza poética

«Soy miembro de la AHS desde el 2008, y vicepresidente en Matanzas desde el 2010 y hasta la fecha. La Asociación fue la cantera y la protectora del grupo en momentos de crisis, reales momentos de crisis, cuando no éramos visibles y no estábamos del todo protegidos por lo que podemos llamar la institucionalidad. Eso ya no ocurre. Ese panorama ha cambiado hace aproximadamente unos cuatro años, pero arrancó así: era la AHS la casa, el hogar.

«El Portazo es un grupo que radica en la Asociación; ni siquiera nos hemos desprendido del espacio físico. Entre la Casa del Joven Creador de Matanzas y nosotros existe una alianza poética a la hora de la construcción de la escena».

El hogar

«Ahora la mayoría de los integrantes del grupo son profesionales, pero se nutre de gente de todos lados, tal y como llegan a la Casa del Joven Creador. Tiene gente del mundo del cabaret, como en el caso de este espectáculo que trajimos a Camagüey, donde trabajan transformistas ya en condición de artistas. Viene gente de las escuelas de arte y también gente de otras provincias, siempre respondiendo a las necesidades del grupo; no tenemos límites.

«Ahora una de las condiciones es asociarse, mantener un trabajo de calidad para que estas personas que conforman la familia de El Portazo formen parte también de la Asociación. Allí en la Casa nos presentamos siempre, en un patio interior que ha marcado nuestra noción de espacio».

Lo peculiar

«¿Qué nos singulariza…? No sé. Obvio, todo el mundo tiene sus singularidades. Yo sí creo que nosotros trabajamos con muchísima verdad, con muchísima pasión. Supongo que otros también lo hagan».

 Al César…

«Sí, hay diferencias entre el teatro que se hace en La Habana y el que se hace en provincia. Nuestro potencial productivo determina nuestro potencial estético. La cantidad de dinero que tengamos, o de vías o ayudas para hacer nuestra obra influirá en su calidad. Evidentemente las puertas y los canales son más anchos en la capital, como debería ser, como ocurre en todos los países del mundo. La Habana es una gran ciudad, y al César lo que es del César. Lo que a mí me llega a Matanzas es diferente, incluso, de lo que voy a buscar a La Habana».

Premio sin estatuilla

«Es curioso, porque como actor siempre añoré venir y nuca vine en esa condición. Me tocó llegar como director. En el 2012 estuve por primera vez, luego en el 2014, y ahora no quería perderme la oportunidad de estar en Camagüey con este espectáculo. Por eso no monté nada en el año, para que esta, una obra estrenada el año pasado y que ya se presentó en el Mayo Teatral de La Habana, pudiera llegar aquí.

«Estoy súper contento. Este es un punto de encuentro necesario, y se nota, porque todo el mundo viene a Camagüey».

CCPC

“CCPC (Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative) es un cabaret político con ejes temáticos amplios: van desde nuestras obsesiones, de lo que entendemos como contexto cubano, hasta las nuevas actualizaciones en materia económica, las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

«Nosotros planteamos el espectáculo como una investigación económica; lo que hacemos es un producto cultural y por eso lo ponemos en un ambiente de consumo, como será aquí en Camagüey La Casa de la Trova. A partir de ahí vemos cómo eso puede funcionar, cuál es la armonía; es un procedimiento técnico para establecer un nuevo flujo de comunicación entre lo que está pasando en escena y el espectador. Hasta ahora ha ido bien, vamos a ver qué pasa aquí en Camagüey.

«En Camagüey protestaron los que se quedaron fuera las noches del viernes, sábado y domingo, porque en la Trova ya no cabía un alfiler. Casa llena, repleta para esta puesta en escena que está habituada al aplauso de los públicos, que ya triunfó en el festival de La Habana, en Santiago de Cuba, Villa Clara, Holguín y que cierra aquí su periplo de presentaciones.

«Cuban Coffee hace reír, llorar, pensar, olvidar, bailar. Los teatrólogos dirían que rompe la cuarta pared. Para mí, es un tratado de semiótica con tremenda gozadera». 




One thought on “Hacer de la luchita un arte

  1. Claudia Torres Herrero

    Cuban Coffee by Portazo´s Cooperative sin duda un espectaculo variadicimo,merecedor del aplauso Camagueyano por la peculiaridad y originalidad de la obra que toca temas actuales de forma divertida y nostalgica en un contexto singular,genial puesta que sin rebuscamiento es capaz de llegar con su esencia a los mas diversos publicos ,una novedosa forma de reflexionar!

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