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Enamorarse


Foto: Keiter Castillo

El Doctor Luis Álvarez Álvarez está aburrido de escucharse a sí mismo. Por eso le pidió a los jóvenes de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) que hablaran ellos y pusieran el tema de conversación del encuentro que los unió por una hora de la mañana de este sábado último, en el Café Literario La Comarca de la Casa del Joven Creador camagüeyana.

Pero los jóvenes no nos cansamos de escucharlo a él, e hicimos mutis casi absoluto. Y digo casi, porque del auditorio salieron dos palabras, suficientes para cumplir nuestro deseo de oír a Luis: José Martí. Al Miembro de Honor, nuestro único Maestro de Juventudes quien siempre ha preferido los alumnos díscolos, no le quedó más remedio que abandonar, esta vez, sus intenciones de clase práctica y complacernos con la conferencia.

Impresiona tanto su erudición, que al concluir la cita una muchacha iyawo pasó por alto las reglas de la santería y se acercó emocionada a pedirle un beso.

Para Luis Álvarez, el Héroe Nacional era un extraterrestre. Solo así consigue explicarse todo cuanto obraba en una sola jornada de trabajo. El intelectual invocó a un Martí de sentimientos y emociones que jamás podrán existir en bustos de yeso inhumano mecánicamente replicados. El mismo espíritu de ese Martí hombre lo arrastró un día hasta la casa del Zócalo donde vivió el Apóstol en su época de periodista de la mexicana Revista  Universal.

Por Martí habló de los impresionistas, los pintores de la luz, incomprendidos por la crítica de su tiempo, o por casi todo la crítica de su tiempo, porque José Julián sí que supo valorarlos. Por Martí habló de Camus y Degas y del Estructuralismo y el Modernismo; y de los camagüeyanos: esa raza de cubanos de casta ilustre esparcida en todo el mundo.

A quien Luis Álvarez no enamoró esa mañana de José Martí Pérez, a ese, a ese no le late un corazón en el pecho.




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