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En los papalotes viejos de Yara

Foto: Yahily Hernández Porto

Camagüey.— Más allá de palabras exquisitas de un catálogo y de una muerte sublime, porque tuvo primero vida, un destino y hasta un protagonista inanimado, los «papalotes muertos» de Yara Ramírez, son más que una trilogía de palabras: vida, destino, muerte.

Los papalotes inertes de Yara, ya no lo son tanto si el ojo de quien se atreve a mirarlos los redescubre ensimismado en un toque de inocencia silenciada y del rencuentro con una extraña sensación infantil y del pasado.

Allí, justo en el Café Literario La Comarca de la Casa del Joven Creador en Camagüey —única de su tipo de referencia en Cuba— , Yara vuelve a deslumbrar con su observación aguda y a través de flechazos muy bien enfocados en planos que buscan un horizonte imaginario entre el pensamiento agitado y la atrevida mirada de la artista, o lo que es lo mismo, entre contenido y forma. Aunque la primera de amabas merezca un premio a la inagotable manera de comunicar sentimientos tardíos o silenciados, con los deshechos de papalotes, nos invita incansablemente a reflexionar sobre nosotros mismo, sobre nuestras vidas.

Yara increíblemente nos incita, en medio de desechos acorralados por el vacio de imágenes «flotantes» en la inercia del paso del tiempo, el cielo y hasta del subconsciente, a sonreírnos de lo feo, de lo irreflexivo y hasta de lo invisible ante la mirada humana.

Como flores vivas y multicolores, aunque no lo son tanto a simple vista sus papalotes «aniquilados», en la exposición Requiem la invitación es tal vez un canto a no rendirnos ante los pesares, y por qué no, es un llamado permanente a lo que podríamos ser en medio de una convulsa existencia.

Desaliñados los colgantes de Yara —no los de Babilonía, sino los de esta ciudad legendaria—, quizás en Cuba entera, en el atrevido lente de la joven artista son un látigo a seguir viéndonos desde el futuro para reconstruir el presente y hasta un pasado no distante.

Desde la simplicidad de las fotografías de Yara, la joven artista teme a impresionar por otro detalle que no sea el de detener el paso y enfocarse como ella lo hizo en sus papalotes.

Y es que los notables límites al vuelo poético que logra con simplísimas tomas, se compensa irremediablemente con un centro muy bien delimitado, pero que corroe con paralelas colgantes de papalotes maltratados.

Y es esta última «toma» la que más embellece a su obra, lo mismo para grandes que para chicos; para un público diverso, su ingeniosa manera de decirnos que no acabemos como ellos, que mirémonos en sus despojos y soñemos, y nos esforcemos por ser más que papalotes viejos, malhumorados o aniquilados por el paso del tiempo, o por los errores irreconciliables con la vida. No nos dejemos vencer y seamos un canto a la vida; reconciliémonos con ella, desde papalotes viejos.



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


One thought on “En los papalotes viejos de Yara

  1. Anabel

    En lo personal Yara Ramirez es mi amiga y mi hermana, en lo profesional una gran artista con un talento impresionante, esta vez nos mostró algo diferente para reflexionar. Requiem es mas que una exposición fotográfica, es un llamado al análisis personal de nuestra vida. Debemos partir desde el punto de vista de que el arte siempre va a ser apreciativa, por tanto desde mi humilde apreciación en esos papalotes viejos y maltratados por el pasar del tiempo vemos reflejada cada vida, como a veces nos convertimos en algo inservible e inútil. Debemos hacer de la vida algo bello y productivo, trazarnos metas para llegar a alcanzar los sueños y no dejarnos vencer por la adversidades que puedan sobrevenir. Gracias a Yara por regalarnos su arte y compartir con todos sus deseos de que cada persona en especial los jóvenes tengamos sueños y luchemos por ellos.

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