El placer de ser niños

El placer de ser niños

Por: Betty Leidys Domínguez

Grandes dosis de ternura y empeño desborda la pequeña conductora del “Club de introducción al cine para niños” que sesiona los segundos sábados de cada mes a las diez de la mañana en la sala de videos de la Unión de Artistas y Escritores de Cuba. Este espacio, creado por el crítico de cine y escritor Armando Pérez Padrón como un acto de amor desmedido hacia el séptimo arte, persigue enseñar a los infantes algunos rudimentos del lenguaje audiovisual.

Desde junio del 2017, se celebran estos encuentros moderados por Marian, una niña de apenas seis años que cuenta con sus palabras la propuesta fílmica. Esta es una estrategia que utiliza el creador del espacio que sigue la máxima del padre Félix Varela: “se le hablará a nuestros niños como ellos lo hacen y nos entenderán”.

A la vez, los cortos animados presentados, en su mayoría cubanos y latinoamericanos, llevan en su propuesta referentes básicos que los pequeños puedan identificar: el amor a la familia, el interés por el estudio, el cuidado de la naturaleza y la amistad entre niños de diferentes edades y maneras de expresarse, y a través del debate de dichos materiales colabora a formar valores éticos, morales e identitarios, en edades tempranas.

Cada encuentro es una fiesta, donde reinan la dulzura y la pasión desmedida que le ponen los infantes a todo lo que les satisface. El espacio también busca fomentar y descubrir la vocación por las diferentes manifestaciones artísticas, por ello además del gustado audiovisual, los integrantes del club; protagonizan bailes, canciones, trabalenguas, poesía, y actuaciones muy ingeniosas que preparan estos pequeños.

Risas, música infantil, juegos, y alguna golosina nunca faltan de la mano de Armadito, como llaman cariñosamente los niños a este ser que lucha incansable y apasionadamente por fomentar la cultura audiovisual, y propiciar un lugar para la recreación sana y educativa.

Resulta grata y acogedora la cita, a la cual no se ausentan padres, madres y hasta abuelitos, que a pesar de la vorágine de la vida, acuden al indispensable espacio para disfrutar del espectáculo que realizan estos maravillosos genios. Y entre murmullos de halago y regocijo, alguna que otra lagrima de júbilo y emoción, aplauden la majestuosa actuación de los artistas; que encuentran en la jornada sabatina el placer de ser niños.




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