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Dualidades

Foto:tomada de Radio Cadena Agramonte http://www.cadenagramonte.cu/articulos/ver/65218:raul-paz-le-canto-a-la-ciudad-de-camagueyRolando Pérez Betancourt, que ya era cronista de los buenos antes de recibirse de Periodismo allá por el año 1973, aconseja dejar correr el tiempo, tomar distancia, no escribir bajo el influjo de emociones desbocadas para impedir así que ese género periodístico tan literario (y viceversa), se nos atiborre de sensiblerías o vaya sobrado de adjetivos y tropos redundantes.

Como sucede ante todo consejo, cabe acatarlo o desoírlo. Quizá algunos esgrimen que a veces existen circunstancias en las que conviene lanzarse a redactar cuartillas en el ardor del acontecimiento y la recomendación del conductor y guionista del habitual cinematográfico de los viernes, La séptima puerta, quede en el campo del relativismo, las perspectivas, los puntos de vista…

Pero sin dudas, ocurren hechos periodísticos ante los cuales resulta útil recordar este precepto. Hace poco más de 10 días, a las nueve de la noche y en la Plaza del Carmen de la ciudad de Camagüey, el cantautor Raúl Paz cumplió la promesa de ofrecer un concierto a los agramontinos, varios meses después de que la lluvia suspendiera una presentación suya planificada en estos predios. En esta oportunidad vino invitado a la celebración por el aniversario 199 del otorgamiento del título de ciudad a la villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

Disfruté de las 12 canciones en términos del salsero Yumurí: “pegaíta a la tarima”. Bailé, sudé, aplaudí y grité en el público. El pinareño que estudió en la Schola Cantorum de París se hubiera podido aparecer en el escenario con solo dos maracas para acompañarse y yo me hubiera quedado igual de complacida; por eso supe con certeza que sería una burrada escribir sobre el concierto en ese instante: el entusiasmo de la seguidora había que dejarlo reposar.

Le hubiera perdonado que apenas recordara las letras de sus propias canciones y pasara la noche con la mirada casi fija en el atril que le sostenía las partituras. Le hubiera elogiado que improvisara un malogrado homenaje a Ignacio Agramonte, (homenaje que aplaudí durante el concierto): que sus músicos no conocieran los acordes del sonadísimo tema Gente; que él cambiara su tempo y no sonara como en el disco y cuando el público coreaba “y que tus besos se hicieron para vivir” él estuviera en el verso de “no te das cuenta que estoy muriendo por ti”… Hubiera pasado por alto los lunares y me hubiera convencido a mí misma argumentando que a la Plaza del Carmen fui en condición de admiradora, no de periodista, (¡cómo si pudiera una desprenderse del oficio!)

Tampoco crea, lector, lectora, que ahora escribo con robótica frialdad, que me enfrenté a la hoja en blanco desprendida del deleite estético que significa para mí escuchar Chiquita. Tan absurdo como pretender olvidar mi profesión de periodista, sería obviar que sus temas están de forma permanente en mi lista de reproducción. A estas alturas, el mito de la objetividad ya se desenmascaró en el Periodismo; soy una periodista seguidora de la música de Raúl Paz, y desde esa dualidad de condiciones escribo. No juzgue, por tanto, el párrafo que continúa como ceguera de fanática.

Este artista se mueve con los tiempos. Las canciones de su último fonograma, Ven Ven, gustan tanto y se conocen tanto como las antológicas canciones Mama y Carnaval. No más bastó mirar a los públicos que asistieron al concierto: adolescentes de apenas 14 y 16 años mezclándose con adultos de 40 y tantos, jóvenes en sus 30 y tempranos 20. La variedad generacional en la audiencia asegura que la música de Raúl Paz tiene vida para rato.

El carisma para empatizar con los públicos tiene en él la apariencia natural de un don regalado al nacer. Quien conoce su trayectoria descubre ahí mismo que este músico se ha curtido en los escenarios, por eso conversó con los asistentes como si estuviera en la sala de su casa, pidió palmas y palmas le dieron, convocó a estribillos y coros le devolvieron, hizo chistes y recibió risas, alabó al Camagüey y le llovieron ovaciones.

La gente gozó el concierto, allí estuvimos sus seguidores, todos en dualidad de condiciones.  Estoy segura de que los perspicaces estudiantes de música de la escuela José Waite, quienes le descubrieron una nota mal dada al tecladista del grupo, también dirían hoy que el concierto de Raúl Paz en Camagüey estuvo buenísimo.



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


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