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Defender la trova es defender la patria

Foto: Keiter Castillo

Hablar de trova es hablar de Cuba. Es hablar de tiempo transcurrido, tiempo que no se detiene y marca el paso de las gentes, los acontecimientos y las cosas. Es tocar −o intentarlo al menos− una esquina de esa esencia que nos marca y nos define.

Comenzado el festival Canto Adentro, nos hemos reunido esta mañana a conversar en el Café Literario La Comarca, de la Casa del Joven Creador camagüeyana. Somos pocos (qué lástima, deberíamos ser muchos); no hay entre nosotros ningún decisor de esos que tienen en sus manos los hilos conductores de los canales de televisión, las emisoras radiales, los lugares aptos para presentaciones públicas o los departamentos de programación de las instituciones culturales. Esta conversación interesante y esclarecedora, este clamar al cielo institucional en busca de oídos receptivos, va a caer en saco roto… como siempre.

¿Cantautores, trovadores? ¿Qué es, o cómo definir a ese ser capaz de componer versos que nos hacen pensar y emocionarnos, valiente para musicalizarlos, arreglarlos, orquestarlos y encima interpretarlos? Nadie ha podido, hasta hoy, construir un teorema donde la suma de los catetos sea igual al cuadrado de la hipotenusa y ello sea igual al trovador. La definición del trovador se escapa matizada en toda una serie de poquitos que al final hacen un ser grande e insustituible.

Los primeros trovadores surgieron hace ya tanto tiempo que casi nadie lo recuerda; y hay que pecar de eruditos para saber a estas alturas que allá, en la lejana Provenza francesa, hubo en el siglo XIII un señor llamado Guillermo de Aquitania, al cual la historia de la poesía marca como el primer trovador. Aunque tan tovador como el duque provenzal lo fuera Homero.

Trova y trovadores entraron a España por el Camino Francés, el camino a Santiago de Compostela. Y a mí me encanta pensar que en las naos adelantadas de la conquista, entre tanto marino, judío converso y ex convicto, viajó también algún trovador con su vihuela y los sentidos y el corazón dispuestos a descubrir la tierra nueva americana, enamorarse de ella y cantarla. Pero esa parte no la reseñan la Historia seria y los mamotretos académicos.

Desde que a Carlos Manuel de Céspedes y José Fornaris se les ocurriera componer aquella canción napolitana que todos hoy conocemos como «La Bayamesa», nacida para endulzar el corazón de Luz Vázquez, la novia de José, disgustada con este por algún desacuerdo de enamorados, Cuba ha sido tierra de trovadores, aunque las circunstancias y las gentes parezcan cofabuladas para lograr que deje de serlo.

Hoy por hoy, ese raro ser pensante llamado trovador debería ser inscrito en el Libro Rojo de especies en peligro de extinción. Y no estoy exagerando −a pesar de los muchos tercos que siguen llevando con orgullo esa clasificación taxonómica.

Contra la vitalidad de la trova y del trovador conspiran esquemas, murallas mentales, ortopedia institucional y abulias: «pegar en la radio, ligar la jebita, salir en el vidrio, conquistar el faster»… son expresiones habituales en las bocas de quienes pretenden adueñarse de un quehacer que no les pertenece, y convierten a la trova en un producto más de ese mercado light que pretende descerebrarnos.

Los medios masivos de difusión no ayudan mucho más. En ellos, la figura del trovador anda desaparecida, y solo quienes tenemos memoria echamos menos espacios como «Te doy una canción» o «Proposiciones». Se potencia lo banal (por no agredir diciendo «lo tonto»), y tal vez para hacernos creer que no es tan así, se insiste en catalogar como cultor de la trova a cierto tipo de figura que se hace acompañar por una guitarra pero apela al resquicio más fresa de nuestra sensibilidad.

De un tiempo a esta parte, los vocablos trova y trovador se han constituido −para una buena cantidad de gente− en sinónimos de teque, tabaco, metralla. ¿Y de quién es la culpa? No quiero pecar de hipercrítica, pero llevo años percatándome de un fenómeno al cual no muchos han prestado atención. ¿Cuántas veces usted, lector, lectora, ha estado entre la multitud en un acto de tribuna? ¿Cuál es la música de ambientación que le ponen? Pues trova. Silvio, más Silvio; Silvio por todas partes; a veces Sara, Amaury o Pablo. Y usted quiere escuchar pero no lo dejan. Los demás hablan, se ríen a gritos, beben, no prestan atención. Sin embargo, aunque parezca que nadie escucha, sí lo hacen. Y poco a poco se ha instaurado en la conciencia colectiva lo que antes le dije: trova es igual a muela, a panfleto. Y el panfleto se rechaza.

Nos estamos perdiendo una hermosa parte de la historia musical, de la esencia de nuestra isla. Ya casi no encontramos ese lugar donde sentarnos a escuchar en silencio una canción inteligente. Cuba va dejando de ser cronicada y visible, y en su lugar nos imponen anglicismos, mal gusto y procacidad: nos penetran, para ser más exactos. Los más jóvenes no saben quiénes son Sindo, Manuel Corona, Eusebio Delfín, Martha Valdés… A César Portillo lo conocen por la dulzarrona versión de Luis Miguel. Y hasta he escuchado afirmar que «Veinte años» no es de María Teresa Vera, sino de Cristina Aguilera. Ante tales contrasentidos (por no decir incultura), no me queda más que exclamar como Alonso Quijano: «Cosas peores veredes, Sancho».

Pero quiero pensar que, como en todo proceso histórico, esta aparente retardación no es sino la preparación del terreno para dar el necesario salto cualitativo que tanto necesitamos. Desde mi modesto espacio de trovadicta, apuesto por esa actitud ante la vida que entraña el ser trovero; rompo lanzas por esta forma de hacer que nos define, y ma adscribo al criterio del avileño Neira: defender la trova es defender la patria.



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


6 thoughts on “Defender la trova es defender la patria

  1. Gloria Menjívar Morales.

    Escuchar Trova es escuchar la historia de amor de un pueblo…La historia de amor, de cada habitante de ese pueblo…
    ¡¡Maravilloso!!

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  2. yoanis soriano cabrera

    mariela excelente trabajo como sabes hacer , despues de haber escuchado el conversatorio de Jorge Luis Neyra realizador de Programa de Televicion y Unos de Los Organizadores del Evento de Trova en Ciego de Avila Trovandote donde con un trabajo audiovisual donde recogió el criterio de algunos trovadores cubanos y otros internacionales donde dice de una manera muy peculiar que puede ser un trovador y como dijo Juaquin Sabina y asi le da nombre a este conversatorio si cantautor, trovador o algo mas, felicidades para mariela tan oportuna como siempre y a neyra por participar del evento

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  3. DIlmert

    Así mismo es, Mariela, está sucediendo con la trova lo mismo que pasó años atrás con la música clásica, cada vez que fallecía una personalidad importante del país solo transmitían música clásica en la radio, conclusión la música clásica terminó siendo «música de muertos» y lo peor no es lo que la gente piense de la trova que a fin de cuentas es música de vanguardia y no es por ser elitista pero las vanguardias no siempre son aprobadas por la mayoría. Lo peor es que la bobería de la música comercial se está colando en el hacer de algunos que se hacen llamar trovadores.

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  4. Luis Ramirez velazco.

    Es bueno todavía tener a los trovadores haciéndonos el placer de sentarnos y disfrutar una buena musica en la que gustoso compartes con compañeros y amigos. En mi escuela de arte conocí la trova y me fascino, desde ese momento me muero por sentarme a escucharla rodeado de la gente que aprecio. Gracias a todos aquellos que hacen trova.

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  5. javier

    La verdad, muy bueno el evento. A pesar del corto presupuesto con el k cuenta la AHS en esta fecha del año, siempre nos las arreglamos para k todo salga bien y el Festival de este año es una fuerte prueva de ello. Todos los k amamos la trova agradecemos infinitamente a todos los organizadores y participantes de este espacio k una ves mas nos ha ayudado a reforzar lazos de amistad con trovadores y musicos de dicimiles partes del pais.

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  6. Alex Fonte

    esta ocasión me impresiono mucho que los invitado al canto adentro se esmeraron para en cada concierto dejar sus canciones.Yo sin ser un conocedor de la trova siempre disfruto estos eventos para de la musica hecha con una guitarra encontrar mis descargas emocionales llámese trova o no al final igual comparto.Así puedo valorar lo que nunca perderá poder la creación.

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