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Crítica de cine y escritura creativa en Cuba

Como la creatividad está en la base de la vida y la compartimos sin necesidad de ambiciosas conceptualizaciones, hay quien creen que llamar la atención sobre la misma carece de sentido. Sin embargo, ya lo apuntaba el gran matemático Alfred North Whitehead: “Se necesita una mente extraordinaria para hacer un análisis de lo evidente”.

Por eso opino que no sería del todo desacertado que en algún momento pensáramos en elaborar una suerte de manual que podríamos titular “La creatividad explicada a los niños” (me incluyo con gusto entre quienes recibiría lecciones de ese tipo: es con la inocencia de ese niño que siempre llevaremos dentro como mejor podríamos recuperar el ánimo creativo, el cual tiene mucho de juego, de riesgo asumido a voluntad).

Intentaré llevar esta reflexión sobre la creatividad al campo de la crítica de cine, pues es la más cercana a mí. Y pregunto: ¿qué tan creativa es la crítica de cine que se ejerce hoy en Cuba? Algunos me dirán que los críticos están para interpretar, no para crear. Por cierto, yo no me sentiría demasiado orgulloso de esa condición parásita que hace depender la existencia propia de la de otros (en este caso, de la de los cineastas). Por eso otras veces he hablado de fomentar el pensamiento crítico, el cual no es exclusivo de un gremio, sino está al alcance de cualquier individuo y es esencialmente dialógico.

Para Cabrera Infante no existían los críticos de cine, sino en todo caso los escritores que escriben sobre cine. Tal hecho permite todavía apreciar en los escritos de Bazin y Truffaut un universo tan atractivo como el que dicen examinar de Hitchcock. O revísese algunas de las críticas del propio Caín, y verán que se pueden disfrutar como textos literarios autónomos.

Nuestra crítica de cine, en cambio, muchas veces depende en exceso de la información acerca de aquellas obras que le preceden. Y en vez de ideas capaces de iluminarnos ese universo multidimensional donde levita la obra sometida a examen, lo que encontramos es una antología de datos ya pesquisados. En ese sentido, la creatividad crítica deja de existir para ser reemplazada por la mera datología.

No se trata de llegar ahora al otro extremo, y comenzar a hablar de las películas como si existieran ajenas a la Historia. Pero necesitamos, creo yo, una crítica capaz de hablarnos de los hechos sin quedarse en ellos, sino que nos impulse a descubrir incluso zonas de la existencia que los propios realizadores no tenían dentro de su horizonte en el momento de realizar las películas. Algo de esto proponía Bazin al apuntar:

“La verdad en la crítica no se define por no sé qué exactitud, mensurable y objetiva, sino más bien por la excitación intelectual provocada en el lector: su calidad y su amplitud. La función del crítico no es la de poner sobre una bandeja de plata una verdad que no existe, sino la de ampliar al máximo posible la inteligencia y la sensibilidad de aquéllos que le leen, el choque de la obra de arte».

Una crítica así de creativa fue la que permitió el nacimiento de la Nueva Ola Francesa, por mencionar tan solo uno de esos movimientos donde críticos y realizadores se han fundido en ese pensamiento crítico al que aludiera con anterioridad. Pero, claro está, para lograr eso es necesario proponerse revolucionar los métodos de aproximación, y hacer de la herejía verdaderamente profunda el estímulo principal.




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