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Como en una película de Charles Chaplin

Foto: Claudia Otazua Polo

Héctor Puga hubiera querido ser cantante. La misma vida que le negó una voz de escenarios, le regaló también una risa perenne y dos brazos siempre dispuestos al trabajo. Antes, vivía en el municipio camagüeyano de Jimaguayú, justo al centro de esta ya central provincia. Allá cultivaba la tierra y seguramente era feliz. Él siempre parece feliz.

Héctor Puga cuenta con sus manos, en un primitivo lenguaje de señas, que nunca fue a la escuela, que no puede leer ni escribir. Todo su andar por este mundo lo ha consagrado al trabajo. Y para él la palabra trabajo se expresa en dos gestos: el primero lo hace mover la mano derecha como si secara el sudor de la frente laboriosa, y el segundo, colocar sus brazos cual si sostuviera un azadón de sacarle frutos al suelo.

Héctor Puga hubiera querido ser cantante, que en su lengua se dice con una expresión inspirada en el rostro, la boca formando una “o”, un brazo que abraza y una mano que hace ademán de sostener el micrófono.

Él se enamoró de una mujer difícil, por eso se adivina que ha de amarla demasiado. Llevan juntos casi una década; juntos partieron de Jimaguayú hacia la capital provincial; juntos cuidan de los hijos adolescentes de ella y juntos vienen, cada mañana, a la Asociación Hermanos Saíz (AHS), para entre los dos, dejar reluciente esta sede del arte joven.

Héctor Puga y Anisley Rabasa forman el equipo de limpieza de la Asociación desde hace un año, y aquí solo dos de sus compañeros de trabajo conocen sus nombres. Duele con dolor muy propio escuchar que le llaman «el mudo y la muda», y aunque estoy segura de que esos motes no persiguen ni ofensa ni burla; aunque estoy segura de que ellos ni siguiera son conscientes de tales apodos, no consigo evitar la angustia ante la alusión cotidiana y constante a una discapacidad natural. (¿Y acaso será natural alguna discapacidad?)

Ellos se nombran Héctor Puga y Anisley Rabasa. Tienen familia, compromisos, amigos, sueños. A él le gusta el arte, un gusto que nació quizá con los deseos de realizarse como intérprete de la canción. Por eso Héctor extiende sus jornadas en la AHS hasta horarios impensables. Si a las dos de la madrugada todavía hay una peña en pleno auge, allí se encuentra él, en primera fila y con su mejor sonrisa.

Anisley, estudió hasta el sexto grado. Lee, escribe y no pide de la vida más de lo que ya tiene. Le gusta su labor diaria y según explica, no existe alguna otra profesión que le atraiga más que la suya. A veces se molesta con los impulsos artísticos de Héctor, que se empeña en hacer alardes de artista en los vespertinos de la AHS. Pero al final también se la ve batir las palmas por él.

Los miro y entonces sé con certeza que el amor existe. Héctor y Anisley aman su trabajo, aman la cultura en sus diversas expresiones, aman a los hijos que nacieron de otro amor ya pasado, y se aman, por supuesto, el uno al otro.




5 thoughts on “Como en una película de Charles Chaplin

  1. Dilmert

    Qué lindo que alguien se encargue de reconocer y dar a conocer los valores de gente humilde y sencilla y reconocer su trabajo. Me encantó el artículo.

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    1. Isidro Morejon Machado

      Claro amigo para eso es este pequeño espacio pero agigantado, que es la AHS en nuestro Camagüey, para elevar la creación, el arte, las ideas, los proyectos en todas las manifestaciones del arte de nuestros jóvenes camagüeyanos

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  2. Yunielkis Naranjo Guerra

    Realmente me emociona mucho leer este artículo, le doy gracias a Claudia por este escrito, ojalá estas personas discapacitadas tengan acogida en diferentes centros laborales como lo hace la AHS, donde también tenemos a Daniel, un hombre trabajador y entregado a la obra y trabajo de la Casa del Joven Creador, aunque no sea remunerado por ello. Nuevamente Gracias

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  3. Anabel

    Estoy muy contenta por este articulo tan humano que realizo Claudia, no es menos cierto que Hector y Anisley son personas con discapacidad para el habla, pero son dos seres humanos con vida propia, con sueños, aspiraciones, familia, y es triste que muchos no reconozcan esto, que los traten como los mudos o que simplemente los de la limpieza. Valoro muchísimo la solidaridad de Yunielkis Naranjo Guerra Presidente de la AHS, que les da una oportunidad a personas tan maravillosas como Hector y Anisley que les posibilita la integración a la sociedad como seres humanos que son. Me encanta oír a Hector cantar, a su manera, pero lo hace lo mejor que puede y con amor. De Anisley he aprendido algunas señas pues conversamos tempranito en la mañana cada vez que trabajo. Y si se entera me mata si no lo menciono, Daniel, mi amigo, quien sufre de trastornos mentales pero es inteligente aunque muchos no lo crean y siempre esta dispuesto a ayudar como lo hizo cuando se estaba haciendo la Terraza Arte Joven que cargo sacos de cemento y arena sin esperar nada a cambio o cuando me pago un dia un café, son gestos que otras personas en su sano juicio no lo hacen. Bravo por Hector, Anisley y Daniel y por todos aquellos que a pesar de su discapacidad están activos y bravo por Claudia que ha demostrado ser una persona humana y sensible ante estas situaciones. Ojalá todas las instituciones fueran como nuestra Asociación Hermanos Saíz y su presidente.

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  4. Armando Ronquillo

    Hector y Anisley nos son tan cotidianos que ya han formado a ser parte de nosotros y yo que he tenido la opurtunidad de trabajar con y para personas discapacitadas como solemos decir me gustaria lanzar reflexion. Pongamos de un lado la laboriocidad de estas personas, sus aptitudes artisticas, su voluntariedad, su compromiso ante el trabajo y del otro lado pongamos las de los que no somos discapacitados y preguntence entonces. QUIENES SON EN VERDAD LOS DISCAPACITADOS?
    Un hurra por Hector y Anisley Nuestros mudos. y un Urra igual de grande para nuestro Daniel

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