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Caminante, sí hay camino

Pasaron ya dos años. El tiempo vuela, aunque suene a lugar común, a cosa trillada, a algo que todo el mundo ha dicho. El tiempo signa, marca hitos, pasa cuentas y abre ojos. Mirar no siempre es ver, pero quienes miran hacia la acera de en frente del Casino Campestre necesariamente tienen que percatarse de que algo sucede en ese lugar que no descansa, que abre sus puertas y su corazón a la anchura de todos cuantos se deciden a cruzar la Carretera Central.
En el antiguo storage de Crysler, en ese edificio art decó de los años 40 que abarca prácticamente media manzana, suceden cosas que necesariamente llaman la atención del transeúnte: limpieza, belleza, cristales brillantes, mesitas que invitan al descanso… todo tan lindo, tan iluminado, que muchos no se acercan porque piensan que tanto bueno necesariamente tiene que ser muy caro y en divisas. Se equivocan. Un lumínico anuncia en grande:“AHS, Filial Camagüey. Casa del Joven Creador”.
Decía esto, porque ya transcurrieron dos años de la última asamblea de miembros de la Asociación Hermanos Saíz. En aquella oportunidad, los jóvenes creadores fueron a reunirse cargando con sueños al parecer inalcanzables, proyectos que se volvían espejos; racimos de inquietudes e insatisfacciones de todos los calibres. Y sin miedo a ser tildados de atrevidos, expusieron sus criterios, alzaron sus reclamos y elevaron sus voces para abrirse brechas en pos del horizonte.
En estos dos años transcurridos, la organización de los jóvenes artistas ha crecido, ha madurado. Se han alcanzado cosas que resultan motivo de envidia a lo largo de toda la isla, porque esta es, a no dudarlo, la mejor Casa del Joven Creador de Cuba, la más completa, la mejor montada, la que más actividades culturales lleva a cabo. No en balde ya son tres años seguidos que alcanza la condición de Vanguardia Nacional: cosa que habla muy bien y en alta voz acerca de la capacidad de entrega del ejecutivo y en particular de su presidencia.
Cuenta la Casa del Joven Creador camagüeyana con espacios de excelencia: Café Literario, sala de navegación abierta todas las horas todos los días; sala de video, dos galerías de exposición, dos terrazas amplias donde se hace arte; una sala-teatro de pequeño formato. A ello se suma un café riquísimo –con cafetera express nueva, ¡al fin!–, generosa y barata oferta gastronómica (todo en moneda nacional); peñas de teatro, literatura, materiales fílmicos, música electrónica, rock, rap, artes plásticas. Aquí se imparten conferencias, se mantienen jornadas para reflexionar, se imparten cursos de superación. Incluso se acoge a los niños en la terraza “Dulce Hogar”, con juegos, payasos, cuentos, magos y canciones.
La membresía también ha aumentado, y ya cuenta con 233 asociados –se incrementaron 61 desde 2013– en las secciones de Música, Literatura, Artes Escénicas, Artes Plásticas, Promoción, Audiovisuales y la subsección de Crítica e Investigación. De tanto crecer para bien, le nació el año pasado a la filial camagüeyana la célula de jóvenes artistas en el municipio de Florida, donde se construye hoy de nueva planta la segunda Casa del Joven creador que tendrá el territorio agramontino.
Pero si algo hermoso tiene la Asociación Hermanos Saíz de Camagüey; si algo la hace diferente de muchas otras; si un sello la distingue en el buen sentido, es que de sus filas no se van del todo quienes llegan a los 36 años y continúan teniendo espíritu creador juvenil y entusiasmo a prueba de almanaques. No pueden, porque si lo hacen sienten que algo vital les falta, que cosas se les quedan por hacer, que aún se observa camino ante las pisadas. Por eso los miembros de honor siguen ahí, al pie del cañón, aportando su experiencia, sus conocimientos, sus ganas de trabajar por la cultura. Y son valorados como merecen, respetados y queridos.
La AHS camagüeyana no se enclaustra en su sede como un conde medieval en su castillo. Se desbordan las brigadas de jóvenes creadores y el proyecto comunitario Golpe a Golpe por los sitios más intrincados y más difíciles. Sin importar lluvia, calor, frío, fango o ciclones, van por bateyes, prisiones, escuelas, barrios desfavorecidos, comunidades campesinas. Cine en los Barrios rescata noche a noche la tradición que implantó el ICAIC hace ya muchos años y lleva a cuestas lo mejor y más actual del audiovisual de factura juvenil para que todos puedan verlo.
Se ha logrado otra victoria: abrir el ámbito del accionar de los jóvenes creadores a través de los medios de difusión, porque ya se cuenta con un programa en la televisión local y una revista cultural en la radio provincial, el semanario Adelante ha brindado su página cultural para difundir y promover la obra de la AHS, y la página web de la institución funciona con un diseño agradable y operativo.
Sin embargo, insatisfacciones quedan. El transporte es una herida abierta; la sala-teatro hace ya tres años está cerrada por falta de mobiliario; escasean los espacios físicos en la casa para garantizar ensayos y creación. Se batalla a brazo partido para conseguir que la crítica de arte gane el espacio que merece tener. Faltan instrumentos musicales y el audio con que se cuenta es prácticamente un mito; se sueña con terminar algún día, a pesar de desidias y lentitudes, el estudio de grabaciones musicales y la casa de la música electrónica.
La Casa del Joven Creador es ya para la ciudad y para la isla el lugar desde donde nacen sueños reales y tangibles, utopías realizables; un nido desde donde pueden partir hacia todos los vientos los jóvenes crecidos a su amparo, ya convertidos en artistas e intelectuales de valía. Mientras ese día llega, los muchachos y muchachas levantan las frentes, miran al horizonte –ese que siempre va a parecer que está un poco más lejos porque siempre van a estar insatisfechos–, y avanzan pensando que tal vez Antonio Machado, el poeta español, no andaba muy atinado, porque, caminante, sí hay camino.



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


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