Fidel Biran

Birán y la cruzada literaria

Le pusieron Virán por un semí de los arahuacos asentados en la zona, y se escribía con uve, pero la manía nuestra de cambiarlo todo hizo que pasara a Birán, explicó el mulato delgado que no era cualquier guía. Su primer apellido es Castro.

El dato provocó la curiosidad porque esa seña conecta siempre con Fidel y Raúl, sin embargo Lázaro, acostumbrado ya a barrer equívocos, dijo que no, que en la zona hay como tres familias de apellido Castro sin parentesco alguno.

Estaba a la entrada de un lugar que también defiende título de cuna en la nación. Cientos de personas se aventuran para llegar a ese paraje de Holguín, aunque el camino entre cañaverales no resulta manso.

Con cifras el guía dibuja la afluencia de público. El promedio semanal registra 400 cubanos, y en temporada baja unos 100 extranjeros. Los números crecen en agosto, especialmente el día 13, cuando han recibido hasta 2000 personas en una mañana.

Lázaro nos lleva al panteón de la familia Castro Ruz. Se sabe quiénes ya reposan por las rosas de bronce en los nichos. Del arreglo de las flores naturales se ha encargado el vecino José Batista Cruz, desde sus 21 años de edad. Ya tiene 84.

Ese señor sale temprano de la casa en el consejo popular de Guaro. Al llegar, a centímetros del ángel en mármol, casi el único testigo de la costumbre diaria, ofrenda su respeto de alborada.

El guía comenta la idea de incorporar otros elementos al panteón, y luego, ante la maqueta del sitio, adelanta del proyecto de ampliar las colecciones y de reconstruir inmuebles del asentamiento fundado en 1915.

Ángel Castro comenzó con 268 hectáreas de tierra, a los dos años disponía de 887.14 hectáreas y en 1949 la extensión alcanzó 12846 hectáreas para sus negocios de madera, ganado, azúcar y mina de cromo y manganeso.

Para su espacio de Birán diseñó un pueblo con 27 instalaciones, hasta con servicios de correo y telegrafía, y una escuela mixta donde compartieron pupitres sus hijos y los humildes de los 120 moradores, muchos de origen antillano.

En uno de los cuadros colgados en las paredes de la escuelita se advierte que a Fidel le pusieron Casiano por segundo nombre, y en otro, que su última visita a la casa natal ocurrió el 23 de septiembre del 2003, por el centenario de Lina, su mamá.

Repasamos cada detalle y hasta rompemos el esquema mental de museo anquilosado en el tiempo, por algo salido de la boca del propio director acerca de errores en libros, y ejemplifica con el nombre correcto de la casa de las palomas. Allí se investiga a fondo y se contrasta información con la profusa familia Castro Ruz.

Puertas afuera anda una buena señal. Sobre el césped corretean los carneros. Pasan por al lado sin azorarse, y eso te dice que no eres un intruso. A la verdad, el cubano que cumple el sueño de tocar Birán siente que también renace con olor de cedros, y a la sombra luminosa del algarrobo donde estudiaba Fidel.

Como Museo Conjunto Histórico Birán ocupa 28,6 hectáreas, sagradas para la familia y para los habitantes de la zona como el viejito José o el propio Lázaro, quien dirige la institución desde hace seis años.

Los retos de la conservación son grandes por el clima, algo común en los museos cubanos, pero en este, la intensidad del cuidado se percibe como el esmero con que se cela el alma de la Patria.

Hemos retornado a la entrada y compartimos nuestro reconocimiento como grupo de camagüeyanos y holguineros, delegados de la Cruzada Literaria que surgió para celebrar el cumpleaños del Comandante en Jefe. A la altura de su edición 15, este evento de la Asociación Hermanos Saíz llega por primera vez a Birán.

Lázaro nos insiste más con su abrazo de agradecido por pensar con cultura en la raíz de la libertad humana, por sembrar con literatura y trova el presente y el futuro del país al que le nació Fidel.




3 thoughts on “Birán y la cruzada literaria

  1. Mariela Pérez-CastroMariela Pérez-Castro

    Era un sueño poner los pies allí con la Cruzada. Los fundadores que entonces, hace quince años, nos subimos en camiones de carretara para llevar la poesía y la trova hasta los rincones a donde no suelen llegar; queríamos tocar ese trozo de Historia. Entonces no pudimos. Incomprensiones burrocráticas (sic), trabas mentales, falta de presupuesto y otras cosas más que para qué recordar ahora, lo impidiero. Hace dos años pude, por fin, poner mis pies en aquel paraje que se me había metido en la carne desde niña por las anécdotas de un antiguo compañero de trabajo de mi padre, que era nativo de estos lares, y más tarde por “Todo el tiempo de los cedros”. Entonces no llegaba a un sitio extraño, sino a un lugar sabido desde los entresijos de la memoria y el corazón. No iba con la Cruzada, sino a recibir junto a varios de mis compañeros colegas de la Casa del Joven Creador camagüeyana, como honor doble, mi carné de militante del Partido Comunista de Cuba.
    En aquel entonces no sabía que pocos días después de aquel viaje me tocaría llorar entristecida junto a todos los agradecidos de mi pueblo la partida física del gigante que había visto la luz entre los pinares y naranjales de Ángel Castro Argiz.
    Dos años después he vuelto, ahora sí con la Cruzada, para cumplir el sueño de entonces. Birán volvió a ser mío nuevamente, con su agua límpida y sabrosa, su silencio de santuario y su verdor. Es un sitio al que sé que habré de regresar cada vez que pueda y a donde he de arrastrar a mis amigos de izquierda de los cinco continentes, esos agradecidos que en otros parajes menos amables esperan el momento de respirar el perfume de los cedos en el sitio donde nació, hace ya 92 años, la nueva Cuba.

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  2. Silvia Libertad

    Muy hermoso e interesante comentario de Biran por Yanetsy Leon Gonzalez.Afortunados todos los que han podido visitarlo y compartir esa linda experiencia y vivencia historica!Gracias!

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