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Abrir una ventana inteligente

Mientras la Feria Internacional del Libro de La Habana durante el pasado mes de febrero acaparaba titulares en los diversos medios informativos del país, en la provincia de Camagüey se realizaba otro suceso cultural digno de ocupar también primeras planas. Se trató del I Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, que durante los días 11 y 12 de ese mes se realizó en esta ciudad.

Algunas jornadas pasaron ya desde el cierre de ese primer Encuentro y quizá muchos argumenten (incluso parapetados tras posicionamientos periodísticos que hablan de criterios de noticiabilidad), que carece de sentido volver sobre un hecho que ya no constituye noticia.

Pero ocurre que esta convocatoria camagüeyana para el aprendizaje y el diálogo sobre el universo digital, trasciende las demarcaciones del evento en sí (fue intencionada para que sucediera de ese modo). Por otra parte, mas por igual camino, dejar correr los días es imprescindible para tomar distancia –cronológica y emotiva– y atreverse entonces a hacer un balance de lo que fue el I Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales.

Juan Antonio García Borrero (Juany), crítico de cine, investigador, y oficialmente un soñador imparable, pensó, fabricó, gestó este espacio que, producto de ese mismo sentido de colaboración intrínseco al Encuentro, auspició la Asociación Hermanos Saíz (AHS) de Camagüey. Al Callejón de los Milagros llegó un público diverso y prestigiosos intelectuales de la talla del Doctor en Ciencia Luis Álvarez Álvarez y el Máster en Cultura Latinoamericana Jorge Santos Caballero, para asistir a un programa que abarcó desde conferencias hasta ciber-tertulias.

Hasta este punto, la cita camagüeyana para la alfabetización digital no parece distinguirse mucho de convocatorias académicas similares. En cambio, la cuestión teórica aquí constituyó sino la punta del iceberg. El evento puso en la mira una cuestión que, por elemental, con frecuencia se pasa por alto: antes de pedir nuevas tecnologías debemos aprender a usarlas; y antes de eso, debemos aprovechar de manera transformadora las que ya tenemos. Así de simple, así de primordial.

Piense usted por un momento; abstráigase un poco también: ¿qué hubiera sido capaz de hacer un hombre neandertal si de repente hubieran puesto en sus primitivas manos, ya no se diga un iphone, sino una herramienta sencilla, como un arado? Poco o nada, ¿verdad?; o quizá, al no saber emplearla, la ignorara o subutilizara. Pues la lógica del ejemplo, aunque extremo, es la misma de una persona analfabeta digital antes dispositivos de esta clase.

A estas alturas, esa afirmación pudiera juzgarse como una verdad de Perogrullo y lo es; por eso mismo resulta ineludible para entender la necesidad y el alcance de un encuentro como este, aun en un contexto como el cubano, todavía carente en términos de conectividad.

Esta primera edición hubiera podido conformarse tan solo con visibilizar la necesidad del conocimiento y la discusión multidisciplinaria de la llamada interacción creativa, y eso hubiera bastado para hacerla merecer loas. Este “taller de experiencias territoriales” –como lo calificó su creador– , actuó además como una suerte de portal digital (¡y nunca mejor dicho!).

De esa forma, los allí presentes y quienes se informaron luego a través de estos, supieron que es posible obtener gratis un “espacio en la red” para crear un blog; que ya existen en los sitios públicos instructores wifi para asistir, también de forma gratuita, a quienes tengan problemas para conectarse con la señal inalámbrica. (¡Al fin!; ojalá estos instructores borren del escenario a ciertos personajes inescrupulosos que aparecieron con la wifi, quienes cobran 1 CUC –25 pesos en moneda nacional– por ayudar a ancianos o principiantes que ya pagaron 2 CUC por su hora de navegación al conectarse a la red de ETECSA.

Ante usted, lector, consta ya otra conclusión legada por este Encuentro: la socialización es y será siempre la clave de acceso a la interacción. ¿De qué vale que estén ahí las opciones institucionales si los públicos no las conocen?, ¿cómo pueden aprovecharlas si ni siquiera sabe que se hallan al alcance de su mano?

La convergencia de exposiciones de organismos estatales con otras del sector particular (A la mesa y Orsis), probó que hoy tampoco funciona la comunicación entre estas entidades, a las cuales, lejos de excluirse, les convendría integrar sus talentos dispersos para construir y fortalecer la “inteligencia colectiva”.

En el Encuentro se comprobó, también de forma empírica, que es perfectamente viable acercar a los públicos a las nuevas tecnologías para lograr una mejor gestión del conocimiento con los recursos que ya se tienen, que las redes wifi sirven para mucho más que conectarse a Facebook y conversar mediante Imo (quizás y lamentablemente, el único uso público de esas conecciones inalámbricas en Cuba). Entonces, si tal ensayo tuvo éxito, ¿por qué cada institución no puede contar con su mediateca y su red wifi interna para brindar información a los públicos?

El I Encuentro sobre Cultura Audiovisual y Tecnologías Digitales, fundado en Camagüey y por camagüeyanos, fue, en suma, un evento sin alardes que demostró la necesidad de la ciber-alfabetización y la cultura digital para sacar verdadero provecho de los recursos tecnológicos ya disponibles en el país, y a la vez evidenció la urgencia de convocatorias como esta para alcanzar tal propósito.

Ojalá entonces que dentro de poco tiempo venga la segunda edición, de manera que si usted, lector, se perdió ya de acudir a esa primera cita, se le ofrezca otra oportunidad para ir al encuentro del espacio digital.




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