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A escena teatro alemán, pero muy cubano

Nostalgia Cuba es un texto complejo por las disimiles subtramas  presentes en su narración, pero que con notable maestría se implican coherentemente en  una debeladora historia «germano-cubana». Y es este precisamente el  extraordinario logro de su creador, el destacado dramaturgo cubano Freddys  Núñez Estenoz, al no agredir el sentido permanente de la noción geográfica que se impone de forma natural ante la distancia de miles de kilómetros entre ambas naciones: Alemania y Cuba.

Con la sabiduría demostrada en escena de contextos tan diferentes, ubicados cada cual a ambos lados del planeta, Estenoz, el también director del juvenil Teatro del Viento en Camagüey, no se conforma, y ante la fina apariencia de existir diálogos fríos, por los diferentes  escenarios socioeconómicos, políticos, históricos y geográficos que caracterizan a ambas naciones —nada similares idiosincráticamente— busca el pensamiento identitario, el hilo conductor, para que cubanos y alemanes se sientan reconocidos en la obra.

Casi sin notarse, pero proponiendo permanentemente su visibilidad, se  deja entrever, cual gota a gota sobre la roca, un engranaje perfecto de situaciones unipersonales y a la vez colectivas, sociales y de implicación arrolladora para quienes deciden sentarse en  las lunetas a disfrutar de esta obra, —logro también del sutil guión  de Nostalgia Cuba.

En esta pieza medio alemana y cubana se «saborea» a un Estenoz crecido  profesionalmente y a un elenco de excelentes actores alemanes del  Teatro Meridian, de Dresde, dirigido por Arne Retzlaff, quienes elevanla obra por encima de los límites geográficos, al permitir una  reflexión inmediata en el público de Nostalgia… Bien conoce Freddys, el miembro de honor de la AHS, que no podía limitarse a un espacio cerrado de situaciones; por eso imbrica sus múltiples historias tan reales en ambos países, trozos de vida que aunque dispersos cualifican y dan cuerpo a los seis personajes, se interconectan entre sí genialmente gracias también al buen gusto con que fueron escogidas y hasta contadas.

Nostalgia Cuba se vale de un toque de humor con situaciones pintorescas al introducir —por ejemplo— frases muy cercanas a los  cubanos, pero expresadas por alemanes en el país germano: «por favor protejan bien sus equipajes…», lo cual permiten una diversión también de lujo que atrapa al observador, que por tradición se ríe hasta de sus  propios problemas y situaciones embarazosas.

El éxito rotundo de esta pieza teatral reside precisamente en que a  pesar de la risa, del buen ambiente creado para aceptar las realidades que hincan en lo más profundo de cada personaje se propone la  reflexión permanente sobre esta Isla; una intención marcada por redescubrirla con la experiencia, seriedad y responsabilidad de quien  la visite.

En pocas palabras, Cuba es ante los ojos de Estenoz una tierra llena de espiritualidades, pero no mundanas, sino una geografía que aún está por develarse en su esencia: una región, un mapa socioeconómico-político que a pesar de sus contradicciones, posee una amplia cultura y oportunidades para seguir creciendo como ser humano. Son estos los rasgos y arquetipos de una obra que invita constantemente a vulnerar conceptos sobre la Isla sembrados, casi indelebes, en el pensamiento de muchos amigos y visitantes de todo el mundo. La obra provoca, sugiere y admite en sí misma la polémica sobre la Mayor de las Antillas, que está muy lejos de ser solamente una isla para el placer, el esparcimiento y la pura diversión.

Todo lo anterior, junto a una escenografía muy bien intencionada, con  maletas o equipajes correctamente dispuestos en el escenario, y  vestuario adecuadamente escogido, que ayudan visualmente a develar  de antemano no solo quién es o será el personaje, sino sus conflictos  narrados; las pequeñas pero profundas biografías de los seis actores
que integran el elenco. Cada elemento hasta aquí descrito, y el total de ellos visto en conjunto, confluyen en un súperobjetivo: la comunicación con el público, la cual no puede permitirse el lujo de ser lastimada. No debe  permitirse que el espectador se aleje del imprescindible proceso comunicacional, molestado por elementos adversos como la determinante diferencia de idiomas o salirse del ambiente teatral, del mensaje intencionado que persigue su  autor.

Por eso, aunque los actores se desempeñaron en su lengua originaria, el apoyo de subtítulos en la pantalla gigante dispuesta a las espaldas de los actores sobre el escenario —práctica novedosa en Camagüey—, aunque efectiva en buena parte de la obra al lograr establecer esa comunicación tan necesaria, merece ser revisada, pues diálogos y parlamentos interpersonales se destrozan debido a su insuficiente visibilidad. Tal vez disponer de otros ángulos que no rompan esa interrelación comunicativa, por la que tanto se esforzó el director, debe ser una prioridad en lo adelante.

En la sala de un aeropuerto germano, muy bien ubicado en el escenario del Teatro agramontino José Luis Tassende, la historia nace, crece y se desarrolla… a través de la convivencia de seis pasajeros durante su espera por un vuelo retrasado con destino Cuba. Es precisamente en este ambiente donde cada «descubridor», cada uno de los cuales viaja con motivaciones muy diferentes, se reencuentra consigo mismo y transita hacia lo profundo de sus anhelos, esperanzas y frustraciones. La identificación con sus historias, el repaso de sus vidas pasadas y actuales, dan la perspectiva de que, aunque se está en un país lejano, el saco sirve a muchos.

Por ejemplo la muchacha cubana, Lena, que regresa a su suelo querido con su condición de emigrada —puede haber cientos de miles de Lena en el mundo— y sin realizar los anhelos por los cuales partió, no solo ganó la aceptación e identificación del público, sino que el debate sobre el fenómeno de la emigración en Cuba —o en cualquier parte del planeta— vuelve a escena esta vez desde una realidad muy poco conocida o que muy pocos prefieren o desean conocer y aceptar: ¿Qué hace realmente Lena en Alemania para sobrevivir y para mandar
remesas a su familia en Cuba?

María —hasta el nombre es certero, por ser María un nombre universal, tal cual el dilema de esta actriz—, es una mujer llena frustraciones en su hogar y en sus relación de pareja; que vive además añorando el pasado de la extinta República Democrática Alemana. Ella espera encontrar en Cuba el símbolo de un sistema desaparecido en el
pasado de su juventud, aunque aún vivo en sus deseos. Pero María, atrapada en un matrimonio desgastado, busca además respirar más allá de su marido, más allá de las cuatro paredes de su hogar.

Núñez Estenoz se queda corto, en cambio , muy por debajo de su talento y potencialidades, al representarnos casi a la fuerza, en un abrazo de locos, a María e Ingrid —mujer convencida del terreno que pisa y libre de manifestar sus criterios públicamente, y para quien, aunque la vida es muy simple y el acto de gozarla, vivirla a plenitud desde el placer forma parte de su existencia, aún no le queda claro cuánto de certeza persiste en este enfoque—, quienes por segundos convierten el saludo en algo más: en besos y apretones, actitud sorpresiva que queda sin explicación durante la representación escenográfica.

Tal vez la desesperación de ambas, a pesar de poseer extremos opuestos en sus conflictos internos, apresura lo que no se presupone. Este intento de euforia por adelantarnos lo que serán ambos personajes: vidas distintas, pero muy unidas y similares en las frustraciones de sus existencias, no solo no alcanza madurez en lo adelante, sino que
emite un giro en el drama que no solo desconcierta al público, al no encontrar un argumento ante el supuesto de María e Ingrid, sino que también descubre que esta proposición no es centro ni motivo del drama.

No obstante, la obra se alza como un logro indiscutible de escritor y actores, y demuestra además que el teatro de pequeño formato es un fenómeno de Cuba y del mundo, que admite seriedad y mucho respeto sobre las tablas.
Y es que esta Isla en Nostalgia Cuba es un símbolo de sobrevivencia, un desafío para estos personajes —o para muchos otros visitantes del orbe—, un afán de búsqueda de lo desconocido, poder para exteriorizar culpabilidades y un depósito de sentimientos incalculables, que toman fuerza y cuerpo, desde el yo interior de quien desee
visitarla.



Yahily Hernández Porto

Periodista, corresponsal de Juventud Rebelde.


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