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7 de Noviembre

Foto: Tomada de internet

Ya nadie recuerda. La desmemoria parece ser una de las características fundamentales de esa especie llamada Homo sápiens.

Se olvida todo: el mal rato de esta mañana, cuanto ayer nos hizo preocuparnos, el nombre de la vecina no visitada muy a menudo… Se olvidan nombres de ciudades, películas vistas hace tiempo, libros leídos en la infancia. Y también se dejan atrás los acontecimientos importantes.

Terriblemente, la desmemoria gana los espacios más insólitos, esos que deberían ser cuidados como reliquia por todos. ¿Quién se acuerda de las fechas que hace apenas veinte años eran sagradas? Pocos. Y encima, nadie se encarga de recordárnoslas.

Los medios callan y fijan sus miradas en el traje de gran firma vestido por la primera dama de algún país  −como si no existiera nada más importante que ese pedazo de trapo cosido con más o menos arte−, y no nos dice que con el precio de ese traje se hubiera podido alimentar a varios cientos de niños en Somalia. O las columnas de las primeras planas se llenan con titulares de gran puntaje, donde se pone al descubierto el último chisme de alcoba de una cantante famosa, descocada y adúltera.

Guerras, terremotos, epidemias, robos, gente que huye de la muerte… Predicadores de moda que hablan acerca del mítico fin de los tiempos… Deportistas que donan unas migajas a varios países pobres, violan el fisco y se declaran inocentes… Presidentes que sumen a sus pueblos en la miseria y el caos… Cremas maravillosas, aparaticos mágicos para todo, gente que ansía dejar de una vez este planeta en crisis y viajar a Marte, a ver si por allá les va mejor…

Esas son las noticias de la prensa. Todos los días lo mismo, un día y otro día. Y a nosotros nos parece que el tiempo se ha detenido, o da vueltas en torno a un eje sin ir a ningún lado; y se nos antoja, como a José Arcadio Buendía allá en Macondo, que ayer también fue lunes porque las cosas muestran la misma cara que tenían hace diez años, si no más.

¿Regresar a los acontecimientos de hace un siglo? No: recordarlos. Decía Otto von Bismarck, el político alemán, que el pueblo que olvida su historia está condenado a vivirla dos veces. Y hoy es 7 de noviembre. Hará pronto un siglo que en las orillas del Mar Báltico, en la ciudad rusa de San Petersburgo, un cañonazo del acorazado Aurora marcó el punto de inicio de nuevos tiempos; en el Smolny se alzaron los cadetes, y la gente simple colmó la explandada del Palacio de Invierno. El 7 de noviembre de 1917 empezaron esos que el escritor y periodista norteamericano John Reed nombró “los diez días que extremecieron al mundo”: la Revolución de Octubre.

¿Revolución de Octubre un 7 de noviembre? Cualquiera de los desmemoriados postmodernos podría sentirse lleno de dudas. No es una equivocación. La antigua Rusia de los zares, de andar atrasada y fuera de contexto, usaba aún el calendario juliano, cuando ya el resto del mundo empleaba el instaurado por el Papa Gregorio, y tenía unos cuantos días de atraso con respecto a la fecha del resto del mundo no musulmán.

Hoy parece que aquellos acontecimientos hubieran sucedido “en un lugar de La Mancha”, porque de aquello ya nadie quiere acordarse. Y los medios ayudan, ¡vaya si ayudan…!

Ni en Rusia se han detenido hoy a mirar el almanaque, aunque alguno quedará todavía que recuerde a Lenin y sus decretos sobre la paz y la tierra. Hoy solamente han recordado que en 1941, en una fecha como esta, los nazis estaban a solo 36 km de la Plaza Roja, y que de la parada militar salieron las tropas, bajo una de las nevadas más intensas que recuerda Moscú, directamente a combatir a los fascistas. Pero no dijeron los cables que el desfile aquel era en conmemoración de la Revolución de Octubre. ¡Qué espanto… hablar de revoluciones después de que alguien decretara el final de la Historia!

Cantando el himno “Patria sagrada” los soldados marcharon al frente. Ese día se selló la suerte del Plan Barbarroja y la guerra relámpago. Y aunque algunos ripostarán que aquellos soldados seguramente pensaban en el miedo a Stalin y sus represiones, con el octubre en el alma hicieron el milagro.

Y me pregunto: ¿tendremos nosotros el placer de recuperar la memoria? Quiero pensar que sí, solo para que no haya que derramar dos veces la misma cantidad de sangre.

 



Pérez-Castro

Escritora, narradora, ensayista, guionista radial. Miembro de la UNEAC. Miembro de Honor de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).


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